Me
levanté temprano, tranquilo, y delante del espejo empecé a hacer
muecas, todas las que se me ocurrieron y más. Ese día nos tocaba ir
a Madame Tussauds London para que retocaran nuestros bustos de cera
que servirían de guía para terminar las figuras de cera.
Cuando
estuve en el coche con los demás seguí haciendo gestos y muecas.
-Parar
es gratis -soltó Louis aburrido.
-Vamos
a estar toda la mañana con el mismo gesto, así me cansaré menos.
-Tiene
razón, simpático Louis -rió Niall.
Sin
ganas de nada, cogí mi móvil y me entretuve con Tumblr, aquellos
post e historias me levantaron el humor de buena gana. Había tantos
gif graciosos sobre nuestros conciertos y otros momentos, que en poco
estábamos los cinco compitiendo por ver quién encontraba el más
gracioso.
Cuando
llegamos a los talleres, los fotógrafos apenas nos atosigaban, en su
lugar tuvimos a los escultores, examinando fotos de nuestras
imágenes, midiendo casi todas las partes de nuestro cuerpo,
apuntando nuestras tallas. Después de un primer examen, nos
asignaron una chica a cada uno, ellas serían nuestras asistentes, su
deber era que todo estuviera de nuestro agrado mientras sus
compañeros se ocupaban de recrear nuestras caras en bustos de cera.
-Buenos
días señor Styles, mi nombre es Chou, y mi deber es el de ayudarle
a que su estancia aquí, mientras que nosotros trabajamos, sea lo más
agradable posible.
-Encantado
de conocerla señorita... Chou.
La
joven sonrió con tranquilidad, cogió un taburete y lo dejó delante
de mí, esperó a que sus compañeras terminaran de ponerme unas
pinzas en el pelo y con un lápiz facial examinó mi cara de cerca
comenzando a pintar pequeños puntos por todo mi rostro. Me pidió
que pusiera mi mejor sonrisa y se apartó para que me hicieran un
foto. Le miré fijamente a los ojos y sonreí de nuevo, esa vez,
poniendo la sonrisa más sexy que podía, pero ella pareció inmune,
no reaccionó, ni siquiera se inmutó, seguía con su trabajo y su
sonrisa tranquila. Me extrañé, pero terminó y vino el escultor,
ella quedó en un segundo plano. La vi de nuevo con un cuaderno en
las manos, se acercaba y me examinaba mientras dibujaba un boceto.
-¿Está
a gusto con todo? ¿necesita agua, un caramelo, chicles?
-Pues
una botella de agua y unos caramelos, si no es mucho pedir -relajé
el rostro, y volví a poner mi sonrisa encantadora.
-Un
momento.
Ella
volvió a pasar por alto mi expresión y a los pocos minutos vino con
una botella de agua y unos caramelos de menta de la máquina que
había en los pasillos. Me los tendió con otra sonrisa, esta vez
amable. Cogió su cuaderno y siguió con su trabajo.
Me
llamaba la atención que se resistiera tanto a mí, no es que yo
fuera un chico que necesitara atención, simplemente es que desde que
llegó la fama no me ha hecho mucha falta esforzarme por alguna
chica. Y sin embargo ella se me resistía, estaba tan normal con lo
que parecía su libreta de dibujo, no le perdía de vista, hasta que
llegó el descanso.
-Hey,
Chou -me acerqué a ella.
-Digame.
-Mejor,
dime Harry, señor Styles me hace sentir mayor.
-Por
supuesto Harry -el aire de profesionalidad no desaparecía de su
tono.
-Gracias,
¿me podría enseñar el boceto?
La
pillé, con esa simple pregunta su cara se crispó, agachó levemente
la cabeza y puso una mueca. Sonreí otra vez con la mejor de mis
sonrisas y esperé a que contestara. Resopló y fue a por su
cuaderno.
-Bueno,
no se ría, pero soy una chica en prácticas y aún no he
perfeccionado la técnica, y está sin terminar -dijo cuando me lo
puso en las manos.
-Wow
-no pude reprimirlo cuando fijé mi vista en una imagen perfecta de
mí- dibujas realmente bien.
-Gracias,
-agachó la cabeza con una tímida pero preciosa sonrisa.- eres...
muy amable.
-En
serio, es muy, muy bueno.
Poco
a poco se puso colorada, su alegría era palpable, pero apenas prestó
atención a mis intentos de conocerlas mejor. Decidí volver a hablar
con los chicos, que se rieron de mis intenciones ya que las veían
claras.
-Vamos
se te está resistiendo demasiado -rió Louis.
-Con
esta chica vas a tener que esforzarte -aclaró Liam.
-Bueno,
no siempre será fácil.
Respiré
buscándola con la mirada, la localicé junto a otros escultores
hablando con sus cuadernos en las manos y apuntando cosas. Me acerqué
al grupo y eché mano de un complejo de superioridad que no sabía
que tuviera.
-Perdón,
¿Chou? Mira, es que necesito los cascos un momento, y están en la
habitación donde hemos dejado nuestras cosas, ¿Me los podrías
traer?
-Por
supuesto -dijo saliendo del grupo de asistentes para cumplir mi
pedido- ¿recuerdas dónde los has guardado?
-Deben
de estar en la bolsa azul oscuro, en el bolsillo pequeño de uno de
los laterales.
-Tardo
un momento -Chou se fué dejando su cuaderno en mis manos.
-Buena
jugada -se me acercó Zayn- pero no te has traído ninguna bolsa.
-Ya,
pero ella no lo sabe -dije mirando encantado los dibujos de la
libreta.
Cuando
terminé y tras una pequeña palmada de Zayn en mi espalda, salí en
dirección a la habitación poniendo como excusa la necesidad de ir
al baño. Con el cuaderno en las manos pensé en decirle algo que no
pareciera una excusa. Tocando a la puerta entré a la habitación, me
encontré a Chou agachada junto a nuestras cosas.
-Vaya,
lo siento. No encuentro tu bolsa.
-No,
tranquila, te he traído tu cuaderno.
-Gracias
-lo cogió extrañada.
-No
te molesto más -respondí apoyándome en la pared.
-No
lo puedo creer -contestó incorporándose- no la has traído.
-Bueno...
-¿Te
has deleitado lo suficiente?
-Pues
si preguntas he de responder que si aguantas unos segundos más en
cierta posición, no me desagradaría en absoluto.
-¿Te
han dicho alguna vez lo capullo que eres?
-Ciertamente
no, pero adelante, sigue buscando mi bolsa -puse mi sonrisa más
eficaz.
- No creo que siquiera se hayan atrevido, ni que te hubieran negado lo más simple.
- No creo que siquiera se hayan atrevido, ni que te hubieran negado lo más simple.
-Algunas
hasta me suplican que les deje besarme.
-En
serio, yo de ti, dejaba ese tipo de conversación, ya que no todo el
mundo se rinde a tus pies mi querido amigo -casi escupió la palabra.
-Oh,
no te hagas la dura, te mostraré lo agradable que puedo ser.
-Adelante,
aunque no es una cita. Y para ponertelo más dificil -de su libreta
arrancó un trozo de papel- Si no llegas antes de las ocho, se acabó
el juego y habrás perdido.
-¿Y
cómo sabré donde está esto?
-Tú
eres el famoso, caliéntate la cabeza, caballero.
Con
rapidez intentó salir, le cerré el paso. Apoyó sus manos en mi
brazo para apartarme, me giré y le hice quedar frente a mí, rozando
sus labios y pidiendo permiso para llegar hasta su lengua. Para mi
sorpresa jugó conmigo, dejándome casi abrumado, cuando me apartó
para coger aire apenas pude entender el pequeño beso de despedida
que me dio.
-Bien,
pues ya sé más o menos por dónde queda -dijo Louis satisfecho.
-Ahora
explica.
-Mira,
Hazza, tú coges el taxi desde aquí, le pides que te lleve a este
edificio -señaló en la pantalla el nombre de una empresa- a partir
de aquí, un amigo mío te llevará a donde quieres, y así te libras
de la prensa que te pueda seguir.
Actué
según las indicaciones de Lou y gracias a la ayuda de un amigo suyo
pude llegar a mi destino sin que nadie reparara en mi presencia. Lo
intimidante es que me encontré con un bloque de apartamentos nuevos,
todavía habían muchos carteles promocionando la empresa y animando
para la compra de alguno de ellos. Llamé al telefonillo con cámara,
sin recibir respuesta la puerta de abrió, en el ascensor tomé aire
preparándome para encontrar cualquier encerrona, así que saqué el
móvil del bolsillo y lo sostuve entre las manos.
-Vaya,
has venido, y media hora antes.
-No
suelo rechazar un desafío.
-¿Sabes?
Yo ni siquiera me lo tomé en serio.
Dejándome
confuso abrió la puerta, pude ver su pelo despeinado, y lo que
parecía ser su pijama. Un conjunto de shorts, con una camiseta lisa
y una fina chaqueta por encima. Se apartó para dejarme pasar y
descubrí un amplio estudio dónde fotos de algunos famosos estaban
unidas a bocetos con carboncillo. En la mesa del fondo junto a un
portátil estaba su libreta, abierta justo por mi dibujo. Chou,
rápidamente se dirigió allí y apagó el ordenador, cerrándolo
para poner la libreta encima.
-Entonces,
si no te lo tomaste en serio, ¿Por qué me diste tu dirección? ¿Vas
dándo tu dirección a extraños?
-Gracias
por formar una idea equivocada de mí, señor Styles -volvió su tono
profesional.
-Venga
ya, no tiene sentido que me sigas llamando así.
-Tienes
razón, y también supongo que sería mucha descortesía hacerte
esperar mientras me arreglo para salir, ¿Verdad?
-Pues
no merece la pena, no tengo ganas de que la prensa se ensañe conmigo
hoy.
-Menos
mal que yo no tengo esas preocupaciones -dijo dirigiéndose a la
puerta tranquila.
Le
seguí sin mediar palabra, subió por unas esclaleras llevándome al
ático. Allí había un pequeño edificio no más grande que su
salón, abrió la puerta con decisión y entró. Una vez hube entrado
sonreí sin poder evitarlo, había una mesa pequeña, un par de
pizzas, colocadas con desenfado. Ella se sentó a un lado de la mesa
para colocar unas servilletas, un par de vasos y sacar unas botellas
de cerveza.
-Adelante,
están aquí para nosotros.
-Entonces...
-Claro,
mira, soy tímida y no sé desemvolverme bien fuera de mi terreno,
aunque esperaba que llegaras un poco más tarde para venir directa a
aquí.
Me
quedé sin palabras por un momento, pero recordé que llevaba una
bolsa en la mano y que se derritiría, la coloqué encima de la mesa
y destapé su contenido. Una tarta helada de tres chocolates. Ella la
cogió y la metió en la pequeña nevera que había en un rincón.
-El
chocolate le gusta a todo el mundo.
-Una
apuesta segura -abrió ambas cervezas.
Brindamos
por la extrañeza del momento, pensé que no me podría sorprender
más, pero cuando terminamos de hablar, y de cenar, sacó el postre
con una sonrisa en la cara de lo más enigmática.
-Creo
que después de las cervezas y este postre podría pedirte un favor.
-Depende
de cual sea, recuerda que mañana mismo puedes estar en la prensa de
todo el mundo como la mujer que casi mata a Harry Styles -ella rió
entre dientes.
-O
la mejor artista que ha podido reflejar tu encanto en el lienzo, lo
cual me agrada mucho más.
-¿No
tuviste suficiente con ese boceto? Vale, no pasa nada, pero esta vez
me regalarás el resultado.
-Eso
depende de lo bien que salga.
Minutos
más tarde nos encontrábamos en el salón de abajo, ella con sus
materiales, mientras yo simplemente me relajaba y dejaba que el
último sentimiento que recordaba se plasmara en mi expresión.
-La
belleza a menudo se basa en la simetría del objeto -se acercó a mí-
pero tú... Es sorprendente como por separado tus facciones son
dispares y en el conjunto de tus rostro todas armonizan, nada
destaca, todo se une, es un rostro de lo más peculiar, en eso reside
tu belleza, todo el mundo se parece en algo, pero no se acercan
siquiera a tu semblante. De verdad, tu rostro, desde un punto de
vista artístico es una mina de oro que no ha sido explotada con
eficacia. Y eso te beneficia.
-Chou,
si te dijera cuantas chicas se acercan a mí por mi cara al cabo del
día te asustarías.
-Posiblemte,
¿eso no te cansa? -preguntó con delicadeza.
-Sería
el sueño de todo hombre, pero no termina de encajar conmigo, no me
confundas, está bien eso de que las chicas se peleen por ti, pero
contantemente cansa, da igual quien seas.
-Es
lo que tiene la fama.
-Cierto
y si pudiera borraba esa parte, o por lo menos en su gran mayoría
-la oí reir y me uní a ella- Chou, en serio, no sabes lo que
sientes cuando te cuelgan el cartel de mujeriego. He perdido a chicas
que realmente me importaban por rumores o falsas noticias y siempre
terminaban con algo tipo: “¿cómo me pude fiar de un tío como
tú?” -imité la voz que tanto me dolía.
-No
es nuevo que se te juzge por tu apariencia, deberías saberlo bien,
pero no todo el mundo se fía de ellas -Chou se acercó a mí- Mira,
nadie dio nada por mis dibujos por mi simple aspecto, decía que
serían cohibidos, y reprimidos, creyeron que mi ascendencia no
permitiría la explosión de mis habilidades. No hasta que llegó
Noir, una simpática compañera de clase que pudo ver mis bocetos más
intimos, me consigió este trabajo y me ayudó a perder la vergüenza
en este mundo. No todos te juzgan así Harry, no todos.
Mi
respiración se aceleró cuando ella agachó su cabeza para dejar
escasos milímetros de distancia. Bajandome del taburete en el que
estaba agarré su cuello para atraerla a mí, saboreando su
amabilidad. El beso no se pareció en nada al de por la mañana, este
llevaba impresas demasiadas connotaciones, la promesa de compresión,
cariño y ternura. Algo que desde hacía tiempo que no sentía,
todavía iba buscando y muchas veces me encontraba a mi mismo
envidiando las relaciones que tenían Louis, o Zayn, buscando a
alquien que quisiera estar conmigo por encima de quien soy o de lo
que me creen.
Retrocedimos
hasta la mesa en la que estaba su ordenador, dejó de un lado el
aparato, y me empujó a la mesa, me senté en ella y apollé mi
espalda en la pared. Me ayudó a quitarme la camiseta que llevaba,
mientras yo le quitaba la chaqueta. Desabrochó los pantalones
mientras se ponía a horcajada sobre mis piernas moviendo ligeramente
sus caderas.
-Entonces,
¿sólo te quieren para esto? -preguntó con un ritmo tortuso.
-Eso
creo -respondí agarrándola fuerte de las caderas y apratando su
ropa para acceder a ella, me detube- Me lo suelen rogar -sonreí.
Su
respiración se aceleró y sus ojos se oscurecieron, pero no soltó
palabra, así que seguí yo el movimiento con el que había empezado
ella, viendo como su cara se contraí con cada oleada de placer.
Notando como ella aceleraba el ritmo buscando alivio. Le detube de
nuevo para hacer que me mirara.
-Solo
tienes que decirlo -le susurré, ella se escretemeció cerrando los
ojos. Suspiró.
-Harry,
por favor...
No
la dejé terminar para empalarla sobre mí, la agarré fuerte
mientras ella se estremecía con cada movimiento, susurro, o cada
latido. Me parecía apetitosa con sus pequeños suspiros y su
movimientos casi expertos. Todo en ella hacía que me excitara más,
queriendo poder jugar con ella, bajé mi cabeza por un camino de
mordiscos hasta llegar a su pecho, el que deboré en apenas unos
minutos, veía como cada vez me pedía más. Con cada envite ella me
pedía que fuera más rápido, que la llevara al final.
Me
paré en mitad de un útlimo movimiento y nos bajé de la mesa. Casi
cabreada por lo que hice, la obligué a estamparse boca abajo contra
la mesa. Allí volví a introducirme de nuevo en ella y entonces la
alcé para poder poseer todo su cuerpo con mis brazós. Se encontró
a si misma excitada, ya que intentó decirme algo, pero no pudo
soltar una sóla palabra coherente. Pudiendo alcanzar cualquier parte
de ella bajé una mano hacia su intimidad para juguetear con ella, la
otra la sostuve en su cuello mientras lo mordisqueaba a gusto.
De
un momento a otro ella temblaba entre mis brazos con un tórrido
orgamo que la dejó indefensa y apoyada en la mesa mientras yo
terminaba de divertirme. Un chisporroteo me recorrio la espalda como
nunca había sentido, me aturdí durante unos segundos y recuperé la
vista apoyado sobre ella. Ambos jadeábamos intranquilos y medio
desnudos.
-¿Haces
esto con extraños? -se me escapó mientras ella volvía a mirarme
para terminar su pintura. Pasamos la noche “jugando” así que no
terminamos realmente lo que queríamos hacer, o por lo menos lo
primero.
-¿Pintar?
Por supuesto, tengo que vivir de algo.
-¿Y
lo otro?
-Pues
a pesar de que no siempre he sido muy aclamada, no se me ha pasado
por la cabeza coger a un tío cualquiera y tirarmelo... Quizás
porque soy una chica, quizás porque soy artista, o simplemente,
porque soy rara, no me llena, y si no me llena no tengo porqué
hacerlo.
-Vaya,
me siento alagado, creo -Chou sonrió y se me acercó para darme un
tierno beso en los labios.
-Ahora
depende de como lo veas tú.
-Te
voy a ser sincero. Yo sí me he ido tirando a gente por gusto o por
desgana, aunque no me hicieran sentir algo. Somos distintos, pero
-remarqué el pero- me encantaría que de esto surgiera algo.
-Oh
vamos, eres famoso, no tienes porqué atarte a mí, entiendo las
consecuencias y no siempre son agradables.
-Soy
yo quien lo propone, y si no me aceptas me iré.
-Chico,
nadie me dice lo que hacer, así que tú verás lo que quieres.
-Bien,
pues te quiero a tí, pero supongo que así sería demasiado
sencillo. Así termina tu obra de arte y ya veremos.
Me
levanté recogí mi chaqueta y ante la atenta y sorprendida mirada me
acerqué a ella y le devolví el beso que me dio esperanzas de haber
encontrado la mitad de mi alma. Acto seguido me fui dejandola sin
palabra alguna y con el carboncillo en su mano izquierda. Mientras
bajaba por las escaleras cogí el móvil.
Era
demasiado fácil, pero me debes una obra de arte, cuando quieras me
llamas. Sí, metí anoche mi número mientras dormías como una buena
chica. Besos H.