viernes, 30 de noviembre de 2012

Give me love.

Las sirenas resonaban por toda la calle, era la primera guardia de Liam, un joven policía recién salido de la academia, su primera noche y ya le habían llamado por el asesinato de una joven, había indicios de suicidio, pero eso lo decidirían los forenses.  Cruzó la puerta respirando con tranquilidad, formó una mascara de seriedad y se fijó en el lugar, parecía un sótano, las muros de carga ni siquiera ocultaban su material original, por no hablar de los contra-refuerzos y los tubos tirados a un lado de la estancia. Al fondo se escondía un colchón con unas sábanas y un edredón blanco. Encima de aquella cama improvisada yacía una joven morena en una postura tranquila.


Veinticuatro horas antes...

Alba estaba sentada al borde de la cama, mirando sus herramientas recolectadas con tanto esfuerzo, desde pequeña había sabido lo que quería ser y ello le había llevado hasta aquél sótano que tanto apreciaba.

Mientras, su mente vagaba por los sentimientos que la dominaron el día anterior cuando salió a la calle y una esquina más allá vio a una pareja feliz de estar juntos, abrazados, susurrándose palabras que apenas ella podía escuchar. O cuando se sentó en la cafetería, tranquila, haciendo tiempo para beber su café.

Salió de sus recuerdos para mirar de nuevo sus herramientas, después miró un par de figuritas que ella misma había hecho. Sin embargo en su corazón sólo podía percibir soledad, una soledad que siempre le había acompañado, y por una vez en mucho tiempo, se entristeció de ello. Se sorprendió a sí misma queriendo ser amada, queriendo vivir una historia de amor como en las películas, o que al menos alguien se preocupar de ella sin motivo aparente. Creyó estar preparada para todo lo que el amor le daría.

De pronto un picor incómodo se apoderó de sus omóplatos, a ambos lados, notaba el picor terrible. No pudo resistirse y rodó para quedar en medio de la cama, desde allí removió su ropa, intentando poder sosegar el picor, alzó sus brazos más y se retorció para llegar a su espalda, comenzó a rascar, cada vez la zona estaba más caliente, sus dedos le desvelaban que comenzada a sobre salir algo en la parte posterior de su hombro derecho, hizo acopio de fuerzas y olvidando el dolor, cogió aquello que estuviese saliendo, con un poco de fuerza lo arrancó. Cuando su propio brazo llegó a la altura de su cara se sorprendió de lo que había entre sus dedos, una pluma, envidiablemente blanca a excepción de las manchas de lo que sería su propia sangre. No se detuvo ahí, siguió el impulsó de terminar con aquella hazaña.

Una vez hubo terminado el dolor ya no le importaba, sólo podía fijarse en aquello que había salido de su espada, una pequeñas alas de un blanco inmaculado, esta vez tampoco había sangre, sólo aquellos apéndices que añoró en lo más profundo de su alma.


Alba se sintió confusa después de comprobar que no era un sueño, que aquellas alas eran de verdad, y vagó sin querer hasta su cafetería de siempre, tranquila, casi desierta si no fuese por la presencia de una persona, una chica con el pelo castaño, impasible con su taza de café, Alba podía sentir que esperaba algo. Y entonces se dio cuenta de cuál era su destino.


En casa de nuevo, cogió sus herramientas y con sus propias manos comenzó a hacer flechas que afilaba con esmero, incluso se fabricó un arco con el que usarlas. 


Estaba escondida, el paso del tiempo no le importaba, y su momento llegó. Una par de chicas pasaron por su lado, pudo ver cómo una de ellas esperaba algo más de su acompañante, sin pensárselo dos veces, Alba, apuntó a la otra chica y con delicadeza soltó la cuerda. La flecha fue directa a ella, sin testigos, ni daños, ni huellas, se clavó en su espalda con facilidad, pero la flecha no dejó ninguna marca.

Un poco más tarde se escondió en un túnel en obras, comenzando de nuevo su espera, unos jóvenes se cruzarían a poco pasos de ella y Alba notó que en ese momento debía nacer algo especial. Tensó su arco y apunto al chico, sabía que él la conquistaría. Repitió la acción, tras asegurarse que llegaría la flecha soltó con suavidad la cuerda, expulsando a la vez el aire contenido.

En ambos casos la magia surgió poco a poco bajo su atenta mirada y un pequeño regodeo que la invadió dándole una nueva idea. Se las apañó para salir cuanto antes de su escondite y pedir un taxi. Desde allí sus flechas llegaría a mas personas.

Una pareja de amigos hablaban animados, Alba percibió los sentimientos del chico y apunto a su amiga para lanzarle una de sus flechas. Consecuencia inminente fue el beso de ella. Sin saber cómo incluso disparó a la pareja que había visto tan sólo unas horas antes a una esquina de su casa.

Alba subió a la terraza de un edificio, disfrutando, sintiendo cómo cada pareja hacía que surgiera algo que le daba fuerzas. De pronto alguien vino a su mente, como alma que llevaba el diablo, Alba regresó a la cafetería donde se dio cuenta de lo que era. Observó en silencio de nuevo a la chica, pero esta vez desde el otro lado del cristal. Ni siquiera había terminado con su café. Decidió no meterse en aquello que la atormentaba.

De nuevo volvió a un taxi para seguir repartiendo sus flechas, una chica y un chico en una para de autobús. Apuntó a la chica, esta fue directa al chico sentado. Un grupo de amigos en un banco, apuntó al chico que estaba más cerca de la chica en el banco y éste sin dar tiempo fue a besarla. Pero sintió algo más y sin más dilación apuntó al otro chico, que quitó de encima al que estaba besando a la chica y la besó él.

Algo fuerte se estaba apoderando de Alba, algo superior, supo enseguida que era, pero no se rindió, luchó contra ello, buscó más sentimientos para sosegar el suyo propio y tras vagar por calles terminó en un lugar de moda. Sentía el ambiente, las ganas de enamorarse de la gente que la rodeaba, pero ella quería unos sentimientos mayores a los que corresponder, a los que ayudar, paseó entre los corazones ávidos del lugar, buscando los más necesitados. 

Se movía al ritmo de la música, clavando flechas por doquier con sus propias manos, satisfaciendo su ansiedad, el éxtasis de lo creado llegó a Alba. Tantos corazones completos, tanto poder en su mano, tanto amor repartido y sólo se maldijo por una cosa. Su propio corazón dispuesto a entregarse no encontraba a quien hacerlo, la frustración recorrió cada fibra de su ser mezclándose con el éxtasis de poder. 

Cuando llegó a casa ya lo tenía decidido, se arrodilló en su cama y saboreando durante un rato el sabor del amor que ella misma había repartido, cogió una de sus flechas y poco a poco se la fue acercando a la garganta, hasta que encontró la fuerza necesaria y se la clavo dando fin a su sufrimiento.






Liam contempló a la chica, su pelo castaño parecía suave al tacto. Observó con detenimiento la flecha clavada en la mitad de su garganta. Por dentro se horrorizó por aquella muerte, la chica era de lo más hermosa. Decidió acercarse con cautela bajo las explicaciones de la médico forense que le explicó la causa de la muerte. 

Una pequeña humareda salió de la nada, Liam intentó centrar su vista, y lo más profundo de su mente deseó que ella viviera, estaba seguro de que podría amarla, él no comprendía porque pensaba eso del cadáver de una chica a la que no conocía. Salió de sí mismo para encontrar que la flecha ya no estaba y que ella le miraba con sus enormes ojos marrones. 

Alba despertó viendo un hermoso rostro de hombre que la miraba con esperanza, promesas escondidas, y un amor oculto.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Wolf


Como cada mañana Carol se levantó al alba, ser la hija del jefe de la aldea tenía sus tareas. Esa mañana comenzaría por levantar a su padre y hacerle el desayuno ya que su madrastra estaba embarazada. Pero hoy era un día especial, la tradición decía que en la aldea siempre debía de haber un líder, y puesto que la hija primogénita era una mujer, sería ella quien elegiría, no sólo a su acompañante, si no al próximo gobernante. Había sido educada para ello y desde su más tierna infancia Carol se había echado a su espalda aquella responsabilidad.

Los candidatos elegidos por el pueblo estarían esa tarde en la plaza central, siendo puestos a prueba en innumerables habilidades. El ganador tenía acceso su mano, y ella, tenía derecho a decidir si lo aceptaba . Dos candidatos llamaban su atención. Harry, un chico alto, desgarbado con el pelo alborotado y unos profundos ojos verdes; tenía fama de mujeriego, pero Carol le conocía, sabía que era un buen chico; le vio sufrir por una mujer una vez en la taberna de la ciudad, y sin pensarlo dos veces acudió en su ayuda. Por otro lado estaba Zayn, otro chico al que conocía, un poco mas bajo y con el pelo mas corto pero igual de alborotado. Su piel tostada y sus aires de chulería hacían que la mayoría de chicas del pueblo se murieran por pasar una noche con él, cosa que no entendía, pues él no aceptaba sin conocer antes a la chica.

Carol, fue el centro de atención, todo aquello se había creado para ella, a pesar de que sabía que sería una reunión de masculinidad. Conforme las pruebas avanzaban ellos dos comenzaban a sobre salir de los demás candidatos. Llegó el turno de las eliminaciones y de los dieciséis candidatos iniciales quedaron ocho. Las próximas pruebas se pospondrían una semana. De momento Carol, podía conocer más a fondo a sus candidatos en la cena que se ofrecería especialmente para ayudar a la dama a conocer a sus posibles acompañantes.  


Una vez más centró su atención en ellos dos. La mirada de Zayn la estremecía y la cercanía de Harry le ponía de los nervios. A pesar de ir con su mejor vestido se sintió de lo más incómoda. Carol excusó para escurrirse y llegar a la terraza. Sintió como sus pulmones se llenaban de aire fresco, soltó el lazo que decoraba su vestido, estaba más agobiada de lo normal, miró al cielo buscando una respuesta, la luna estaba tan bonita como siempre. Carol notó un movimiento en el aire.

-Estar así debería ser prohibido. -una mano se acercó y acarició el brazo de Carol.- En serio.-dijo Harry girando en torno a ella para quedar enfrente.
-Harry, deberías de estar dentro.- Carol se puso nerviosa arreglando su atuendo. Harry negó y con su mano paró a los temblorosos dedos de Carol.
-No hace falta que te arregles para mí.- se acercó a su oído.

Carol notó como algo en su interior se encendía, algo que no le gustaba, ni podía controlar. Cogió más aire para alejarse de Harry y volver dentro con su padre. Si su madre estuviera viva le podría ayudar. Carol explicó a su padre que ella podía esperar a que su madrastra diera a luz, que renunciaba a su derecho de nacimiento, pero no pudo rebatirle, las pruebas habían empezado, ya no había vuelta atrás y ella lo sabía.

Volvió a casa en un descuido de su padre. Zayn salió de la nada para colocarse a su lado.

-¿Tan pronto te vas? -preguntó preocupado.
-Sí, hoy ha sido un día largo para mí.-respondió como pudo.
-Tu voz está ronca.-Zayn se quitó la chaqueta y se la echó por encima.
-Creo que estoy enfermando.-efectivamente estaba más pálida. 

Lo que sea que se removiera en su interior le estaba afectando demasiado. Se despidió de Zayn y se fue corriendo dirección a su casa.

Aquella noche se volvieron a escuchar los aullidos de un lobo, no uno cualquiera, no, el gran lobo, aquel que acechaba la aldea desde tiempos inmemoriables 


La semana pasó entre encuentros fortuitos con sus candidatos predilectos. Carol notaba que le afectaban demasiado pero le encantaba tener esos encuentros, poco a poco iba conociéndoles mejor. Cuando llegaron las pruebas ella se puso nerviosa, ahora deseaba que ellos las pasaran con la misma facilidad que las anteriores. Cada comienzo era un suplicio para Carol, pero conforme se dio cuenta de que eran los que más ventaja tenían su corazón se fue relajando. A la hora de la cena casi dio saltos de alegría, de los cuatro eliminados, ninguno era uno de ellos dos.



-A partir de ahora, chicos, llega lo más duro, son las pruebas finales y habéis demostrado que sois los mejores candidatos que se han podido elegir a lo largo de esta antigüa tradición. Zayn, el carpintero; Harry, el herrero; Johan, el cazador; Kai, el extranjero y enterrador. 

Cada palabra de su padre hacía que Carol se estremeciera. Todo era cierto, pero ella sólo quería a Harry y Zayn, ellos sabrían cuidar de ella. Sonrió sin evitarlo, le miraban. Carol miró a Zayn y se escabulló como pudo, subió a las habitaciones de arriba de la posada. Al poco notó que alguien le agarraba desde atrás y le llevaba a un cuerpo, sus manos le giraron y Carol dio la vuelta para encontrarse con los labios urgentes de Zayn a los que correspondió.

-¿Contenta de que haya pasado las pruebas?
-Por supuesto.- Carol se removió para volver a besarle, Zayn apenas rozó sus labios.
-¿Más que Harry? -preguntó besando el cuello de Carol.
-No lo sé. -respondió como pudo. De pronto Zayn le pegó a la pared y le dio un pequeño mordisco.- ¡Sí! sí.- Zayn levantó su cara y la besó para irse y dejarla sin aire.

Carol maldijo por lo bajo, y decidió que, a pesar de todo, no haría ninguna concesión más. Estaría igualado, ninguno tendría ventaja sobre el otro. Ambos eran importantes para ella y lo demostraría a su debido tiempo. Bajando las escaleras se encontró con Harry. Sonrieron y él le tendió una mano que ella aceptó sin pensar. Él la alzó de la alegría que había estado conteniendo. La bajó con cuidado y ella posó sus labios en los de él que agarró su cintura y su nuca. Las manos de Carol quedaron en el pecho de Harry, la volvió a coger, esta vez, para hacer que le rodeara la cintura con sus piernas. Se separaron del beso riendo, él comenzó a dar pequeños besos bajando por su clavícula.

-Te alegras de que no me eliminaran. -rió Harry en su cuello. 
-Por supuesto. -dijo Carol enredando la mano en su pelo.

Harry bajó la cabeza hasta su escote, jugando con su vestido, lo bajó con los dientes dejando ver algo más de su pecho.

-¿Más que con Zayn? -dijo mientras jugaba con aquella zona.
-No lo sé. -respondió Carol casi gimiendo. Si Harry seguía así, le haría un chupetón muy difícil de ocultar e incluso más de justificar.- ¡Sí!, más que a Zayn.
-Me alegro. -Harry subió a su boca para  besarle una última vez. 

Carol se recriminó a sí misma la promesa hecha hacía un rato y su reciente incumplimiento.


Las próximas pruebas fueron las más angustiosas, casi pasó la semana sin dormir, además de la aparición del dichoso lobo. Los últimos candidatos fueron ellos, 'Los dos grandes' les apodaron, aunque lo que más le preocupaba era la prueba final, la caza del gran lobo. Nadie había vuelto de aquella hazaña. Habló con su padre, con el pueblo para disuadirles y seguir la tradición, pero no le hicieron caso.

-Zayn, sé que no es normal, sólo te pido que te niegues.
-¿Y perderte? No, gracias. Prefiero traerte la cabeza de ese lobo.
-No te pido que renuncies, pido que te no aceptes la prueba.
-Carol. -dijo serio.- Mírame a los ojos, sé que te preocupa pero tranquila, volveré con vida. -estaba demasiado cerca de ella.
-M-m-mi padre no sabe que estoy aquí... he venido para convencerte.
-Mejor. -respondió subiendo el vestido de Carol.
-No, prométeme antes que no irás, que lo hablarás con el consejo. -Zayn se limitó a respirar fuerte el aroma de ella haciendo que se estremeciera.
-Lo intentaré. -susurró a la vez que se sus manos llegaban a masajear las caderas de Carol sentándola en el borde de la mesa.

Las manos temblorosas de Carol desabrocharon la camisa de Zayn, a la vez, él deshacía el nudo de su vestido. Con a penas la ropa interior, Zayn, le marcó una sonrisa sin camisa. Carol paró de respirar unos segundos y cogió aire. Zayn le ayudó a bajar de la mesa y entre besos la tumbó en el suelo al lado de la chimenea.


A la mañana siguiente llegó justo cuando su padre se estaba despertando, puso como excusa que estaba enfermando y se retiró a su habitación para pasar allí el día.  Durmió casi todo el tiempo, unas terribles pesadillas asomaron en sus sueños, era el lobo y bajo su pata derecha estaba el cuerpo de Zayn, en la boca llevaba el de Harry cogido por un hombro, ambos lánguidos, sin vida. Chilló, el lobo mostró todos sus dientes y se lanzó a por ella.

Harry se coló en la habitación de Carol para ver que le pasaba, su madrastra sólo le facilitó que no había pasado buena noche y que por la mañana empeoró. Ahora, siendo ya de noche, esperó saber de ella, zarandeó el cuerpo de Carol, que despertó de golpe abrazándole con fuerza.

-¿Estás bien?
-¡No!, os... el lobo, el gran lobo, os mataba, y se reía... -Carol cogió aire aterrorizada y llorando besó los labios de él.- No quiero que vayáis, quiero teneros aquí conmigo.

Ella se echó encima de él que respondió a su beso. Esta vez era ella quien le pedía más desesperada, la expectativa de perderle avivó las ganas de sentirle, y sabía que Harry no le negaría nada.

-Habla con el consejo, no soportaría perderte. -dijo mientras se removía encima de él.
-Lo haré, intentaré disuadirles. -respondió Harry acomodando a Carol en sus caderas.



La prueba final había llegado, el consejo se reunió para debatir sobre la proposición de los pretendientes, se encerraron casi un día entero discutiendo. Esa misma noche, el mismísimo gran lobo rondó por el bosque desafiando la vida de la aldea pero sin daños. Carol se sintió inútil, había malgastado tiempo de estancia con ellos en convencer les, no sabía quien morirían y ello le angustiaba. La caza comenzaría en cuanto el consejo hablara, eso le daba un margen muy corto para estar con ellos.


Las lágrimas corrían por las mejillas de Carol suplicando al consejo que no diera válida aquella prueba. Su propio padre permaneció serio, no dio su brazo a torcer. Harry y Zayn aceptaron la prueba, una rivalidad insana había crecido entre ellos, no se dejarían ganar tan fácilmente. De nuevo la desesperación y la imagen de sus cuerpos inmóviles reinó en la mente de Carol, quien lloraba negando siquiera elegir acompañante, jurando que si alguno de los dos moría ella renegaría de su derecho, desaparecería. Nadie le hizo caso, Harry porque estaba organizando sus armas, Zayn porque preparaba una estrategia. Carol entre llantos se despidió de ellos con un tierno beso. 

La caza comenzó.


Ella ya era una sombra de sí misma, creyó que, a pesar de haber sido educada para ese momento, no contemplaron la idea de que se enamorara de dos candidatos a la vez, y mucho menos que se jugaran la vida por las pruebas. Suspiró y siguió allí sentada, en la entrada de la aldea, esperando, varías personas se quedaron para apoyarle, pero cuando ya rozaba el atardecer, la gente desapareció dejándola sola con sus temores. La noche cerrada con luna llena llegó antes de lo previsto, pero no miró ni una sola vez a cielo, sólo quería verles llegar en cualquier momento. Su vista le engañó más de una vez, incluso su oído, su madrastra le trajo comida y un mensaje de su padre, él no entendía el comportamiento de su hija, pero su cargos y sus responsabilidades le impedían actuar.


Harry se conocía bien el bosque, se separaron nada más salir, a la noche se encontraron y por la seguridad de ambos durmieron juntos es unas de las cuevas del lugar. Zayn parecía muy serio, pensativo, se formó una tensión en el aire palpable. Sabían que estaban compitiendo y en cuanto llegara el amanecer volverían a ser rivales. El silencio de la noche cayó por completo y el sueño venció a ambos.


Aullido lejano, cercano. Un estruendo. Zayn y Harry se despertaron de golpe cogiendo sus armas, con cautela se acercaron a la salida de la cueva. El grupo de lobos que solían rodear al gran lobo ahora parecían indefensos, el gran lobo no estaba. Zayn maldijo por lo bajo, Harry le miró, y después a los lobos. En silencio retrocedieron, si el gran lobo no estaba no merecía la pena atacar a la manada.

Otro aullido, horas desde el último, esta vez distinto, profundo, desgarrador, único y doloroso. Salieron de su escondite para ver el panorama. A unos cuantos metros de la cueva se encontraba, el pelaje marrón chocolate brillaba bajo la luz lunar, los ojos profundos revelaban una gran inteligencia. Fijaba su mirada en ambos, dolor, dolor era lo único que expresaban, la belleza del momento hizo que se encogieran en sí mismos. Zayn hizo acopio de fuerzas recordando el tenue tono de piel de Carol al lado de su chimenea. Harry, sin embargo, tragó saliva haciendo que su mente recordara el olor del cabello de Carol cuando pasó la noche en su casa, con ella. 

La manada de disipó y ambos salieron de su escondite actuando. Les miró con infinita agonía, huyó de ellos contra todo pronóstico, la verdadera caza había comenzado. Harry cogió un atajo para alcanzar el lobo, preparó su arco desde encima de un árbol, se tranquilizó cogiendo aire en sus pulmones, el olor a humedad del ambiente despejó sus pensamientos, ahora, sólo pensaba en matar al lobo. 

Zayn persiguió al lobo hasta donde pudo, siguió corriendo imaginando hacia dónde se dirigía el lobo. La laguna era un sitio precioso al que los animales solían ir a beber agua, según se decía, estaba encantada en las noche de luna llena, pero él no se lo creía, eso era un cuento de viejas a la hora de coser. 

El gran lobo empezó a brillar, Harry y Zayn vieron su oportunidad. El lobo comenzó un aullido desgarrador que no parecía tener fin. Las flechas de los pretendientes cegados por la rivalidad surcaron el cielo, el silbido mortal de las saetas acompañó al triste lamento del lobo que poco a poco iba alzándose sobre sus patas traseras. La figura lobuna fue transformándose en una más familiar, en la figura de una chica humana. Harry bajó del árbol, corrió desesperado en un intento inútil por alcanzar la flecha. Zayn quedó aterrorizado, no supo reaccionar. La sombra de una persona pasó enfrente de él, lo que le activó, salió de su escondite para correr como nunca hacia la joven.

Vio las saetas mortíferas, supo la dirección de ambas, pero no se quitó, observó a los humanos portadores de su muerte, a ellos les debía tanto que aceptó el sacrificio. Harry llegó segundos después de que aquellas saetas profundizaran en su piel, le cogió al tiempo que las fuerza la abandonaban. Los trémulos dedos de Harry bailaron alrededor de las heridas, órganos vitales dañados, lo que impediría su recuperación. Vio el horror reflejado en el rostro infantil de Harry, alzó una mano y acarició su mejilla. Zayn llegó unos segundos después, la apoyó sobre su regazo arrebatándola de los brazos de su rival, observo que ambas flechas estaban realmente clavadas en su cuerpo, no había demasiada distancia entre ellas. Las lágrimas del rostro de Carol parecían de felicidad, lo que volvió loco a Zayn, que la besó esperando que surtiera algún efecto. Harry cogió el rostro de Carol posando sus labios en los de ella, después, en su frente, y por último en su mejilla. 

-Estáis vivos.

Ambos se miraron, sus caras pálidas y ojerosas fueron lo único que creyeron. El rostro de Carol perdió la poca vida que le quedaba y Harry agarró una de sus flechas, no estaba dispuesto a vivir con ese peso, pondría fin a su vida de la misma manera que lo había hecho con su razón de existencia. Zayn, se oscureció, todos los recuerdos que guardaba con la otra parte de su vida, ahora, estaban manchados de sangre y dolor. Pero fue elección de ella, apartó de un golpe la flecha de la mano de Harry; se indignó y se tragó todos sus sentimientos. Carol se había sacrificado por ambos y no estaba dispuesto a que fuera en vano.

jueves, 22 de noviembre de 2012

My boy



-Angela, no funcionó la primera vez, ¿qué te hace pensar que funcionará una segunda? -dice Liam, su confidente.
-No es buena idea, ¿verdad?
-Pues no, no es de las mejores que has tenido. Lo mismo te iría mejor si no repitieses tus errores a diario.
-Liam, -suspira Angela.- tienes razón, creo que es porque me siento sola. Muchas gracias.-le abraza.
-Quizás estas buscando mal, yo de ti, buscaba en el lugar más inesperado.
-Hm, sigues teniendo razón. Siempre me estrello, nunca encuentro a la persona indicada, y empiezo a creer que, o nunca ha existido o busco mal, y hoy me has dado la respuesta tú, como siempre, siempre a mi lado apoyándome, curándome cuando me hacen daño, cuidando de mi, si no fueras tú, si no quisiera perderte, créeme que ahora mismo te habría tirado en sofá para violarte.

Liam rie, Angela ha sido la más sincera de los dos. Si ella supiera que él se moría de ganas porque se lanzase. Pero Liam tiene miedo, miedo de perder a la única persona que parece comprenderle. Su cabeza vuela a cuando eran más jóvenes. En una fiesta llegaron a pasar la noche juntos, pero ella no lo recuerda y el apenas encaja las imágenes.

-Bueno, pues adelante.-Liam rompe el silencio. Ve como ella traga saliva con dificultad.
-¿E-en serio?-pregunta incrédula.
-Sí,-dice serio.- adelante. Aunque ya no pueda considerarse violación.

Angela asiente sin saber si creerle o no. Decide tantear el terreno, se pune a horcajadas encima de él. Liam sonrie y toma sus caderas para ayudarle a acomodarse, ella suspira y baja su mirada. Por primera vez ve de otra manera a Liam, sus ojos, porfundamente marrones, sus labios rojizos ahora son demasiado apetecibles. Va acercándose a él con cautela, esperando que la detenga, todo lo contrario, Liam sube sus manos hasta su cintura y la atrae a él, devorando sus labios, pidiendo, poco a poco más.

Liam no puede contenerse más y comienza a subirle la sudadera. Nota cada estremecimiento de Angela pero no se detiene por nada, ni siquiera por la rojez de sus mejillas. Ella decide dejar a un lado sus pensamientos y vuelve a por la boca de Liam, sonríe cuando se quedan si aire y se levanta. Liam gruñe mostrando su disconformidad a que ella se aleje, ella le sorprende quitando sus pantalones, él la sigue quitando su propia camiseta. La tiene ante él, en ropa interior y eso le encanta. No se molesta en ocultar lo excitado que está, Angela no puede evitar mirar su entre pierna. Liam le hace un gesto para que se acerque de nuevo, cuando Angela accede, Liam le atrapa bruscamente haciendo que caiga sobre su regazo notando toda su excitación.

Angela lanza un leve gemido mientras Liam la acomoda en su regazo. Ahora puede notar que ella también le desea, pasea las manos por su cuerpo buscando más reacciones de Angela. La cadera de Liam comienza con un suave baile que se vuelve mortal para la cordura de ella. En la mente de Angela su lado oscuro gana terreno haciendo que cada beso, cada caricia al cuerpo de Liam, lleve toda la sensualidad posible. En última instancia ella retira su cuerpo del de él provocando otro gruñido, pero esta vez acompañado de un tirón de ropa y su consecuente rotura. 

-He esperado desde aquella noche.-la voz ronca de Liam interrumpe en el silencio formando.
-La que no recuerdo,-Angela se remueve encima de Liam haciendo que sea él quien suelte un gemido.- debió suceder algo maravilloso.-susurra.
-Si me dejas, esta noche te lo mostraré.

Pero Liam no cumplie su promesa, cuándo Angela parece que va a contestarle él le limita a entrar con rapidez en ella cortando todo aquello que pudiera pasar por su cabeza.



A la mañana siguiente Angela está de lo más exhausta, como algunas veces, no termina de recordar que ha hecho la noche anterior. Intenta acomodarse en el sofá, donde ha pasado la noche y nota como Liam a su lado le pasa el brazo por encima. Ahora lo recuerda todo con claridad, y en el fondo de su corazón se alegra de no haber ido a casa de su ex para quedarse toda la noche con Liam. Sonríe para sí misma y se gira como puede para mirar de frente a su confidente, a su mayor apoyo, a su portector...

-¿Has dormido bien? -pregunta Liam.
-Hm, perfecto, si es contigo, duermo bien en donde sea.
-Angela, no me mientas, ambos sabemos que dormir aquí ha sido de lo más incómodo.-Ríen con complicidad y se van a la cama de Liam.

... y ahora su chico.

martes, 20 de noviembre de 2012

Distinto


Mi última copa de la noche, Harry no me deja beber más, esquivo la mirada de Liam y sin decir nada me dirijo a la puerta de atrás. Me choco con la puerta, me cuesta abrirla y cuando por fin lo hago hay una chica al otro lado de esta. Salgo como puedo y tomo una bocanada de aire fresco.

-Los siento, estaba apoyada en ella.-dice señalando la puerta.
-Te perdono si me das un par de caladas de ese cigarro.-contesto señalando su otro bazo.
-Vale -dice impasible.- Me llamo Celia.
-Niall Horan, para servirle -respondo esperando alguna reacción exagerada de ella.
-Oh, entonces, no sé si tus fans me perdonarán si te cedo mi cigarro.
-Vaya, me conoces.-intento sonreír mientras cojo su brazo para quitarle el cigarro.
-Pues sí, pero tranquilo, me suelo codear con la jetset, además, no diré nada -se divierte haciendo que no pueda coger el cigarro.
-Esta bien, si no me lo quieres dar, me buscaré la vida -las palabras resbalan por mi boca.

Ella sólo se encoje de hombros y sonríe, le da la última calada a su cigarro ante mi cara indignada. Lo tira al suelo con tranquilidad y lo pisa asegurándose de que no quede ni rastro de lo que era el cigarro. Se encamina hacia la puerta y la detengo antes de arrepentirme.

-Ahora me debes uno -digo acercándome a su oído. Se deshace de mí sonriendo y la pierdo entre la gente que hay dentro de la discoteca.


Las diez de la mañana y mi cabeza da vueltas, es la quinta vez que voy al mismo sitio buscando a aquella chica que me negó un cigarro. Ni siquiera recuerdo su nombre, pero en mi cabeza está grabada su imagen. Una chica rubia, con buenas curvas, sonriente y desafiante, no la típica rubia y eso me encanta. Entro a una cafetería y en seguida vienen a servirme.

-Señor Horan, usted dirá -dice una camarera confiada. Levanto la mirada buscando el porqué de esa voz.
-Tú, te conozco, eres la chica que me negó ese cigarro.
-Así que el señor se acuerda de mí. Pues hola, sí, cuánto tiempo. La camarera Celia ha venido a servirle -dice riendo en esto último. Le miro extrañado y le hago mi pedido.

Media hora después me levanto indignado de mi sitio y me dirijo a otro de los camareros pidiendo lo mismo y reclamando a Celia, el chico me responde que en esa cafetería no trabaja ninguna chica rubia y mucho menos una llamada Celia. Me maldigo por dentro por haber perdido la oportunidad de saber más de ella y salgo del sitio olvidando mi rugido de tripas.


Cada día Celia se cuela más en mis pensamientos, llegando incluso a veces en las que me pillo a mi mismo recordando el color tan raro de sus ojos, ése que me atrae. Sean me saca de mis pensamientos dándome un par de palmadas en la espalda.

-Llevas dos meses si pillar cacho, y un mes de gira. Esta noche quiero que Niall Fiera-Horan salga de fiesta conmigo, ¿entendido?
-Eres muy idiota, pero lo mismo sale -río su gracia.

En la fiesta, esta todo tan oscuro que apenas me puedo ver a mi mismo en el espejo de la entrada desde el hotel. Sean sonríe viendo al ambiente y me dice algo sobre que a pesar de todo es una fiesta de lo más íntima. Miro a mi alrededor y termino de entender a lo que se refiere, chicas, muchas chicas y todas atendiendo a un hombre, algunas incluso comparten. Me llama la atención la figura de una. Sin terminar de creer en lo que me estoy metiendo me acerco a ella. Acaricio sus caderas, ella da un sobre salto y deja la bandeja que lleva entre las manos. Se da la vuelta y me encara. Todos sus aires de enfado desaparecen para dejar aparecer un gesto avergonzado. Me lleva con ella lo que parece una zona reservada y cierra las cortinas.

-Así que, así es como te ganas la vida, eh, Celia.
-No es algo que se pueda decir en una conversación.
-Eres una caja de sorpresas -me acerco a su oído.

Ella asiente temblando y todo empieza.


Salimos de aquél reservado y Sean se nos acerca. Parece bebido, saca la cartera del bolsillo interior de su chaqueta.

-Guau, ¿cuánto te ha costado? Tiene buena pinta.
-Ella está conmigo, no me ha costado nada.
-Es una puta, claro que cuesta y esta debe de ser de las más caras.

Le suelto un puñetazo por el comentario y él sólo se ríe de todo, engancha a Celia y empieza a recorrer su cuerpo mientras ella forcejea. Le vuelvo a dar otro puñetazo, esta vez en el estómago, la pelea comienza. Los de seguridad se acercan a nosotros y nos echan de allí. Celia nos mira horrorizada, otro hombre se nos acerca y se la lleva, grito por la frustración pero ya no nos dejan entrar.

Me quedo en la puerta esperando, consigo mi recompensa cuando ella sale con la basura en la mano, su rostro se ilumina y tirando por el suelo todo lo que llevaba se lanza a mis brazos. No puedo creer que en tan poco tiempo dependa totalmente de ella. Trago saliva intentando disipar la imagen que se me ha formado en la cabeza.

-Entonces, eres... una... chica de compañía.
-Sí, te dije que me codeaba con la jetset.
-Pero no creí que de esta manera -suelto desesperado.
-Tranquilízate, tú no eres como el resto... -se recompone poniendo en orden sus pensamientos, no parece conseguirlo.- Yo, sí, soy una prostituta, una maldita puta si es a lo que te refieres ¿contento? -grita yéndose y dejando que mis celos me coman.


Días pasan y sólo consigo una disculpa por parte de Sean. No encuentro a Celia por ningún sitio, ni fiestas íntimas, ni discotecas comunes, ni cafeterías. Me arrepiento por última vez mientras salgo de mi casa. Mis pasos distraídos me llevan a un parque cercano a la cafetería dónde la vi de casualidad. Me siento en la hierva y lo observo todo tras mis gafas de sol. Con la gorra y la capucha de la sudadera, dudo que alguien se de cuenta de que estoy allí. Personas pasan por mi lado corriendo, una de ellas a poco pasos se da de lleno contra un árbol. Me acerco preocupado.

-¿Estás bien?
-Mierda -suelta Celia levantándose rápido. Mi corazón decide dar un vuelco.
-Espera -la detengo y ella me mira casi con asco.
-¿Qué quieres, restregarme mi trabajo? porque no todo el mundo tiene la suerte de ser una puta celebridad.
-Celia, no... -cojo aire y comienzo a hablar.- Lo siento, no supe como reaccionar, yo creía que eras la camarera de ese lugar, pero después llegó Sean... y nos peleamos... y tú te fuiste con ese hombre y los celos me empezaron a comer. Pero yo no podía decirte nada, porque no soy nada tuyo y me sentó mal y te esperé y me dijiste eso... y...y... son todo escusas, lo sé, pero por lo menos quería pedirte perdón. Quizás no te conozco lo suficiente, pero me gustas, me gustaría ser algo más para ti, si no me odias -consigo levantar la mirada y enfrentarme a sus ojos, tan raros, tan bonitos, tan atrayentes.

Celia no me responde, ni siquiera puedo ver su cara debido a que ahora mira al césped del suelo, noto como su cuerpo empieza a convulsionarse poco a poco. Por fin levanta su cara llorando y se echa a mis brazos.

-Sabía que eras diferente -susurra en mis labios.


lunes, 19 de noviembre de 2012

My town



Caminando iba bajo la luz de la luna, aquella noche había sido de las peores, no sólo había tenido que robar, esa noche, además se había metido en una pelea. Encontró al chico tirado en el suelo mientras unos desalmados estaba a su alrededor machacando todos y cada uno de sus huesos. Ella simplemente se conmovió al ver que el chico guardaba algo con aprecio, le recordó a ella misma antes de de que todo se oscureciera. El chico nunca sabría que ella le había ayudado, le dejó a cargo del tabernero. Una sombra tras su pies se detuvo a la misma vez que lo hacía ella. Se giró más que dispuesta a dar cara aún teniendo una costilla magullada.

-¿Qué es lo que quieres? -preguntó fría a su espalda.
-Sólo... yo... quería darte las gracias por haberme salvado. -le oyó respirar fuerte.- Te debo mi vida.
-Estás herido, ¿cuando llevas siguiéndome?
-Tú también estás herida, déjame ayudarte.

La chica asintió sin ningún tipo de expresión en el rostro, sabía que no llegaría a ningún lado con aquella huella, de hecho no sobreviviría ni una noche en su propio barrido por mucho que quisiera. Él la llevó a lo que parecía un sanatorio. Entraron rápido y le dirigió a una habitación, una consulta.

-Déjame ver lo que te han hecho esos bastardos.

La chica sin pudor se quitó la ropa mostrando una herida de navaja superficial, sin embargo lo que llamó la atención del chico fue el morado con mala pinta al otro lado de su costado. La examinó durante unos segundos, se asomó a la puerta y llamó a una enfermera. Mientras se entretuvo buscando algo en su escritorio.

-¿Tienes a alguien a quién avisar?
-Sabes que no -fue lo único que pudo sacar de la joven.

Él se dedicó a curar con esmero la herida, cuando llegó la enfermera le pidió algunas cosas para revisar el golpe.

-Creo que si hubiera sido más profundo, ahora, estaría hablando con un cadáver -ella asintió.

Terminó con todo lo que pudo hacer por ella. Comenzó a vestirse delante de él con la mayor tranquilidad del mundo. Al terminar, sólo inclinó la cabeza agradeciendo lo hecho y desapareció de su vista.

Tendría que andar mucho hasta lo que era su casa, su escondite, no le daba miedo, conocía las calles de esas ciudad a la perfección, había nacido y crecido en ellas, nada era nuevo. Su historia, era la de la ciudad y ella se desenvolvía por cualquier sitio, ella era como un secreto a voces, era conocida, cierto, pero no su pasado.

A la mañana siguiente ella pasó por un hospicio, se quedó allí para desayunar y vio al mismo joven de la noche anterior. Se le acercó y comenzó a preguntarle sobre el estado de sus heridas. Ella respondió a lo necesario dejando muchas preguntas en el aire.

-¿Cómo me encontraste?
-Por casualidad.
-No tenías porque haberme ayudado.
-Tienes razón -se levantó y llevó su bandeja con el resto de bandejas sucias.

Él no se convenció con la respuesta cortante, así que la siguió olvidando su voluntariado en la casa de comidas para pobres. Ella iba con paso firme y decidido hacia lo peor de la ciudad, un barrio abandonado de la mano de dios, según creía Jack. La paró cogiéndola del brazo y ella le miró helando cada fibra de su ser.

-Al menos dime cómo te llamas.
-Liz

Siguió andando soltando con fuerza el simple agarre de Jack, pero no se quedó atrás y se puso a su altura. Liz pudo notar la inocencia del doctor la primera vez y por esa misma razón no le había partido las piernas para que no la siguiera.

Pasaron por los alrededores del barrio de ella, se acercó a una esquina y cogió a Jack cuando pretendió asomarse.

-Chst, ¿qué crees que haces? ¿quieres morir?
-N-no -respondió soltando el aire que había acumulado en sus pulmones.
-Entonces vete -espetó Liz saliendo de su escondite.

Jack contuvo el aliento viendo como ella se iba, asomó su cabeza y vio una especie de tiroteo entre los dos lados de la acera, no creía que eso lo estuviera viendo en su propia ciudad, eso sucedía en grandes ciudades de lo que era norte américa, pero no en aquella tan acogedora, pensó que no conocía su ciudad tanto como creía. Sin pensarlo más siguió a la joven Liz que se había metido en un edificio.

-Toma, es para ti cuídala y no dejes que nadie te la quite, si ocurre, me avisas y la recuperaré -dijo Liz a una anciana en una esquina del gran lugar. Se giró para ver a aquel hombre que la molestaba tanto.
-Quiero ver mi ciudad -dijo Jack cuando salieron por la parte trasera del edificio.
-Tú lo has querido, no me hago cargo de lo que pueda suceder, después me dejarás en paz. No me deberás nada y no te deberé nada.
-De acuerdo... Me llamo Jack.

Liz cada día le enseñaba cosa insólitas de aquella ciudad que creía conocer. Le enseñó el bario de las prostitutas, el de los enfermos, el de los abandonados, el de los pobres, el de los huérfanos, tantos y nunca había conocido su existencia. No hasta que ella llegó, su humor nunca fue agradable, simplemente se molestaba en enseñarle lo que él quería ver, en algún momento comentó que era médico en prácticas, que trabajaba como voluntario en el hospicio dónde la vio y que se había mudado a una casa enorme que reservaba para formar algún día una familia.

Demasiado inocente, pensó Liz conforme Jack le contaba algún tema personal, a menudo dudaba que soportara la dureza de la realidad que todo el mundo escondía o ignoraba por placer, sólo le advirtió una vez, no sería necesario hacer más. Sólo quedaba por enseñar el barrio de los marginados, el que ella había elegido como su hogar, dónde se encontraba lo que tenía de vida.

-Mi mundo era perfecto hasta que llegaste, lo destrozaste y me hiciste enamorarme de la cruda y dolorosa realidad - susurró Jack.
-Nadie dijo que fuera bonito, sencillo o educativo. Tú me pediste que te enseñara y lo hice.
-¿No te duele lo que sucede a tu alrededor?
-No -respondió Liz impasible.
-Pero ¿cómo?
-¿Acaso creías que todo el mundo vivía como tú? ¿que todos tienen una casa propia, dinero, trabajo y familia? ¡¿Acaso lo creías?! -terminó gritando Liz.- No me duele lo que sucede, porque es lo que ha sido siempre, estoy acostumbrada, aquí sólo el más fuerte sobrevive, muy pocos se ayudan entre ellos, y yo no soy quién para juzgarles -Liz se volvió y pasando por su lado, apoyó una mano en el hombro del médico que sin saber cómo había terminado arrodillado en el suelo.- Y me temo que tú tampoco, vuelve a tu casa con su calor hogareño, esfuérzate ayudando a la gente del hospicio, pero no consumas tu vida en ellos. Tú no has tenido su suerte.


Días después Jack se levantó con un triste remordimiento, cogió el periódico y en la portada exhibía un brutal asesinato, leyendo la noticia descubrió la vida de Liz. Huérfana con una gran fortuna, sus padres le habían dejado tantas deudas que aún siendo una niña las pagó todas quedando sin nada con lo que vivir. Nadie había sabido de ella hasta aquél día, nadie se había preocupado por ella. Un ruido le sacó de sus pensamientos

-Me dijo que usted debía de tener esto. -dijo un niño entregándole un pequeño papel.

Jack lo repasó sin encontrar sentido a la lista de nombres y códigos, al pie de todo ponía la firma de Liz y su total consentimiento. En el reverso el nombre del banco más importante de la ciudad. El chico rebuscó en su bolsillo y sacó otra lista, esta vez eran nombres de personas influyentes. Liz lo había pensado todo, sólo debía elegir si quería salvar su ciudad.