Mi última copa de la noche, Harry no
me deja beber más, esquivo la mirada de Liam y sin decir nada me dirijo a la puerta de atrás. Me choco con la puerta, me
cuesta abrirla y cuando por fin lo hago hay una chica al otro lado de
esta. Salgo como puedo y tomo una bocanada de aire fresco.
-Los siento, estaba apoyada en
ella.-dice señalando la puerta.
-Te perdono si me das un par de caladas
de ese cigarro.-contesto señalando su otro bazo.
-Vale -dice impasible.- Me llamo Celia.
-Niall Horan, para servirle -respondo
esperando alguna reacción exagerada de ella.
-Oh, entonces, no sé si tus fans me
perdonarán si te cedo mi cigarro.
-Vaya, me conoces.-intento sonreír
mientras cojo su brazo para quitarle el cigarro.
-Pues sí, pero tranquilo, me suelo
codear con la jetset, además, no diré nada -se divierte
haciendo que no pueda coger el cigarro.
-Esta bien, si no me lo quieres dar, me
buscaré la vida -las palabras resbalan por mi boca.
Ella sólo se encoje de hombros y
sonríe, le da la última calada a su cigarro ante mi cara indignada. Lo tira al suelo con tranquilidad y lo pisa asegurándose de que no quede ni rastro de lo que era el cigarro. Se encamina hacia la puerta y la detengo antes de arrepentirme.
-Ahora me debes uno -digo acercándome a su oído. Se deshace de mí sonriendo y la pierdo entre la gente que hay dentro de la discoteca.
Las diez de la mañana y mi cabeza da vueltas, es la quinta vez que voy al mismo sitio buscando a aquella chica que me negó un cigarro. Ni siquiera recuerdo su nombre, pero en mi cabeza está grabada su imagen. Una chica rubia, con buenas curvas, sonriente y desafiante, no la típica rubia y eso me encanta. Entro a una cafetería y en seguida vienen a servirme.
-Señor Horan, usted dirá -dice una camarera confiada. Levanto la mirada buscando el porqué de esa voz.
-Tú, te conozco, eres la chica que me negó ese cigarro.
-Así que el señor se acuerda de mí. Pues hola, sí, cuánto tiempo. La camarera Celia ha venido a servirle -dice riendo en esto último. Le miro extrañado y le hago mi pedido.
Media hora después me levanto indignado de mi sitio y me dirijo a otro de los camareros pidiendo lo mismo y reclamando a Celia, el chico me responde que en esa cafetería no trabaja ninguna chica rubia y mucho menos una llamada Celia. Me maldigo por dentro por haber perdido la oportunidad de saber más de ella y salgo del sitio olvidando mi rugido de tripas.
Cada día Celia se cuela más en mis pensamientos, llegando incluso a veces en las que me pillo a mi mismo recordando el color tan raro de sus ojos, ése que me atrae. Sean me saca de mis pensamientos dándome un par de palmadas en la espalda.
-Llevas dos meses si pillar cacho, y un mes de gira. Esta noche quiero que Niall Fiera-Horan salga de fiesta conmigo, ¿entendido?
-Eres muy idiota, pero lo mismo sale -río su gracia.
En la fiesta, esta todo tan oscuro que apenas me puedo ver a mi mismo en el espejo de la entrada desde el hotel. Sean sonríe viendo al ambiente y me dice algo sobre que a pesar de todo es una fiesta de lo más íntima. Miro a mi alrededor y termino de entender a lo que se refiere, chicas, muchas chicas y todas atendiendo a un hombre, algunas incluso comparten. Me llama la atención la figura de una. Sin terminar de creer en lo que me estoy metiendo me acerco a ella. Acaricio sus caderas, ella da un sobre salto y deja la bandeja que lleva entre las manos. Se da la vuelta y me encara. Todos sus aires de enfado desaparecen para dejar aparecer un gesto avergonzado. Me lleva con ella lo que parece una zona reservada y cierra las cortinas.
-Así que, así es como te ganas la vida, eh, Celia.
-No es algo que se pueda decir en una conversación.
-Eres una caja de sorpresas -me acerco a su oído.
Ella asiente temblando y todo empieza.
Salimos de aquél reservado y Sean se nos acerca. Parece bebido, saca la cartera del bolsillo interior de su chaqueta.
-Guau, ¿cuánto te ha costado? Tiene buena pinta.
-Ella está conmigo, no me ha costado nada.
-Es una puta, claro que cuesta y esta debe de ser de las más caras.
Le suelto un puñetazo por el comentario y él sólo se ríe de todo, engancha a Celia y empieza a recorrer su cuerpo mientras ella forcejea. Le vuelvo a dar otro puñetazo, esta vez en el estómago, la pelea comienza. Los de seguridad se acercan a nosotros y nos echan de allí. Celia nos mira horrorizada, otro hombre se nos acerca y se la lleva, grito por la frustración pero ya no nos dejan entrar.
Me quedo en la puerta esperando, consigo mi recompensa cuando ella sale con la basura en la mano, su rostro se ilumina y tirando por el suelo todo lo que llevaba se lanza a mis brazos. No puedo creer que en tan poco tiempo dependa totalmente de ella. Trago saliva intentando disipar la imagen que se me ha formado en la cabeza.
-Entonces, eres... una... chica de compañía.
-Sí, te dije que me codeaba con la jetset.
-Pero no creí que de esta manera -suelto desesperado.
-Tranquilízate, tú no eres como el resto... -se recompone poniendo en orden sus pensamientos, no parece conseguirlo.- Yo, sí, soy una prostituta, una maldita puta si es a lo que te refieres ¿contento? -grita yéndose y dejando que mis celos me coman.
Días pasan y sólo consigo una disculpa por parte de Sean. No encuentro a Celia por ningún sitio, ni fiestas íntimas, ni discotecas comunes, ni cafeterías. Me arrepiento por última vez mientras salgo de mi casa. Mis pasos distraídos me llevan a un parque cercano a la cafetería dónde la vi de casualidad. Me siento en la hierva y lo observo todo tras mis gafas de sol. Con la gorra y la capucha de la sudadera, dudo que alguien se de cuenta de que estoy allí. Personas pasan por mi lado corriendo, una de ellas a poco pasos se da de lleno contra un árbol. Me acerco preocupado.
-¿Estás bien?
-Mierda -suelta Celia levantándose rápido. Mi corazón decide dar un vuelco.
-Espera -la detengo y ella me mira casi con asco.
-¿Qué quieres, restregarme mi trabajo? porque no todo el mundo tiene la suerte de ser una puta celebridad.
-Celia, no... -cojo aire y comienzo a hablar.- Lo siento, no supe como reaccionar, yo creía que eras la camarera de ese lugar, pero después llegó Sean... y nos peleamos... y tú te fuiste con ese hombre y los celos me empezaron a comer. Pero yo no podía decirte nada, porque no soy nada tuyo y me sentó mal y te esperé y me dijiste eso... y...y... son todo escusas, lo sé, pero por lo menos quería pedirte perdón. Quizás no te conozco lo suficiente, pero me gustas, me gustaría ser algo más para ti, si no me odias -consigo levantar la mirada y enfrentarme a sus ojos, tan raros, tan bonitos, tan atrayentes.
Celia no me responde, ni siquiera puedo ver su cara debido a que ahora mira al césped del suelo, noto como su cuerpo empieza a convulsionarse poco a poco. Por fin levanta su cara llorando y se echa a mis brazos.
-Sabía que eras diferente -susurra en mis labios.
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