Las sirenas resonaban por toda la calle, era la primera guardia de Liam, un joven policía recién salido de la academia, su primera noche y ya le habían llamado por el asesinato de una joven, había indicios de suicidio, pero eso lo decidirían los forenses. Cruzó la puerta respirando con tranquilidad, formó una mascara de seriedad y se fijó en el lugar, parecía un sótano, las muros de carga ni siquiera ocultaban su material original, por no hablar de los contra-refuerzos y los tubos tirados a un lado de la estancia. Al fondo se escondía un colchón con unas sábanas y un edredón blanco. Encima de aquella cama improvisada yacía una joven morena en una postura tranquila.
Veinticuatro horas antes...
Alba estaba sentada al borde de la cama, mirando sus herramientas recolectadas con tanto esfuerzo, desde pequeña había sabido lo que quería ser y ello le había llevado hasta aquél sótano que tanto apreciaba.
Mientras, su mente vagaba por los sentimientos que la dominaron el día anterior cuando salió a la calle y una esquina más allá vio a una pareja feliz de estar juntos, abrazados, susurrándose palabras que apenas ella podía escuchar. O cuando se sentó en la cafetería, tranquila, haciendo tiempo para beber su café.
Salió de sus recuerdos para mirar de nuevo sus herramientas, después miró un par de figuritas que ella misma había hecho. Sin embargo en su corazón sólo podía percibir soledad, una soledad que siempre le había acompañado, y por una vez en mucho tiempo, se entristeció de ello. Se sorprendió a sí misma queriendo ser amada, queriendo vivir una historia de amor como en las películas, o que al menos alguien se preocupar de ella sin motivo aparente. Creyó estar preparada para todo lo que el amor le daría.
De pronto un picor incómodo se apoderó de sus omóplatos, a ambos lados, notaba el picor terrible. No pudo resistirse y rodó para quedar en medio de la cama, desde allí removió su ropa, intentando poder sosegar el picor, alzó sus brazos más y se retorció para llegar a su espalda, comenzó a rascar, cada vez la zona estaba más caliente, sus dedos le desvelaban que comenzada a sobre salir algo en la parte posterior de su hombro derecho, hizo acopio de fuerzas y olvidando el dolor, cogió aquello que estuviese saliendo, con un poco de fuerza lo arrancó. Cuando su propio brazo llegó a la altura de su cara se sorprendió de lo que había entre sus dedos, una pluma, envidiablemente blanca a excepción de las manchas de lo que sería su propia sangre. No se detuvo ahí, siguió el impulsó de terminar con aquella hazaña.
Una vez hubo terminado el dolor ya no le importaba, sólo podía fijarse en aquello que había salido de su espada, una pequeñas alas de un blanco inmaculado, esta vez tampoco había sangre, sólo aquellos apéndices que añoró en lo más profundo de su alma.
Alba se sintió confusa después de comprobar que no era un sueño, que aquellas alas eran de verdad, y vagó sin querer hasta su cafetería de siempre, tranquila, casi desierta si no fuese por la presencia de una persona, una chica con el pelo castaño, impasible con su taza de café, Alba podía sentir que esperaba algo. Y entonces se dio cuenta de cuál era su destino.
En casa de nuevo, cogió sus herramientas y con sus propias manos comenzó a hacer flechas que afilaba con esmero, incluso se fabricó un arco con el que usarlas.
Estaba escondida, el paso del tiempo no le importaba, y su momento llegó. Una par de chicas pasaron por su lado, pudo ver cómo una de ellas esperaba algo más de su acompañante, sin pensárselo dos veces, Alba, apuntó a la otra chica y con delicadeza soltó la cuerda. La flecha fue directa a ella, sin testigos, ni daños, ni huellas, se clavó en su espalda con facilidad, pero la flecha no dejó ninguna marca.
Un poco más tarde se escondió en un túnel en obras, comenzando de nuevo su espera, unos jóvenes se cruzarían a poco pasos de ella y Alba notó que en ese momento debía nacer algo especial. Tensó su arco y apunto al chico, sabía que él la conquistaría. Repitió la acción, tras asegurarse que llegaría la flecha soltó con suavidad la cuerda, expulsando a la vez el aire contenido.
En ambos casos la magia surgió poco a poco bajo su atenta mirada y un pequeño regodeo que la invadió dándole una nueva idea. Se las apañó para salir cuanto antes de su escondite y pedir un taxi. Desde allí sus flechas llegaría a mas personas.
Una pareja de amigos hablaban animados, Alba percibió los sentimientos del chico y apunto a su amiga para lanzarle una de sus flechas. Consecuencia inminente fue el beso de ella. Sin saber cómo incluso disparó a la pareja que había visto tan sólo unas horas antes a una esquina de su casa.
Alba subió a la terraza de un edificio, disfrutando, sintiendo cómo cada pareja hacía que surgiera algo que le daba fuerzas. De pronto alguien vino a su mente, como alma que llevaba el diablo, Alba regresó a la cafetería donde se dio cuenta de lo que era. Observó en silencio de nuevo a la chica, pero esta vez desde el otro lado del cristal. Ni siquiera había terminado con su café. Decidió no meterse en aquello que la atormentaba.
De nuevo volvió a un taxi para seguir repartiendo sus flechas, una chica y un chico en una para de autobús. Apuntó a la chica, esta fue directa al chico sentado. Un grupo de amigos en un banco, apuntó al chico que estaba más cerca de la chica en el banco y éste sin dar tiempo fue a besarla. Pero sintió algo más y sin más dilación apuntó al otro chico, que quitó de encima al que estaba besando a la chica y la besó él.
Algo fuerte se estaba apoderando de Alba, algo superior, supo enseguida que era, pero no se rindió, luchó contra ello, buscó más sentimientos para sosegar el suyo propio y tras vagar por calles terminó en un lugar de moda. Sentía el ambiente, las ganas de enamorarse de la gente que la rodeaba, pero ella quería unos sentimientos mayores a los que corresponder, a los que ayudar, paseó entre los corazones ávidos del lugar, buscando los más necesitados.
Se movía al ritmo de la música, clavando flechas por doquier con sus propias manos, satisfaciendo su ansiedad, el éxtasis de lo creado llegó a Alba. Tantos corazones completos, tanto poder en su mano, tanto amor repartido y sólo se maldijo por una cosa. Su propio corazón dispuesto a entregarse no encontraba a quien hacerlo, la frustración recorrió cada fibra de su ser mezclándose con el éxtasis de poder.
Cuando llegó a casa ya lo tenía decidido, se arrodilló en su cama y saboreando durante un rato el sabor del amor que ella misma había repartido, cogió una de sus flechas y poco a poco se la fue acercando a la garganta, hasta que encontró la fuerza necesaria y se la clavo dando fin a su sufrimiento.
Liam contempló a la chica, su pelo castaño parecía suave al tacto. Observó con detenimiento la flecha clavada en la mitad de su garganta. Por dentro se horrorizó por aquella muerte, la chica era de lo más hermosa. Decidió acercarse con cautela bajo las explicaciones de la médico forense que le explicó la causa de la muerte.
Una pequeña humareda salió de la nada, Liam intentó centrar su vista, y lo más profundo de su mente deseó que ella viviera, estaba seguro de que podría amarla, él no comprendía porque pensaba eso del cadáver de una chica a la que no conocía. Salió de sí mismo para encontrar que la flecha ya no estaba y que ella le miraba con sus enormes ojos marrones.
Alba despertó viendo un hermoso rostro de hombre que la miraba con esperanza, promesas escondidas, y un amor oculto.
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