jueves, 28 de febrero de 2013

My Spy.

Salimos todos en carrera, yo permanezco atado de pies y manos, mi misión es infiltrarme en la guardia personal de Hitler. Con un ataque relámpago debemos quebrantar sus filas y colocarme entre los supervivientes. A pesar de no estar conforme con mi misión mi aspecto es el único que puede pasar por alemán, rubio, un poco fornido, ojos claros, piel clara y de altura media. Definitivamente, si no fuera irlandés, sería alemán. 

La batalla empieza y con ella mi misión, debo escapar de las manos aliadas para infiltrarme en el ejercito enemigo, los soldados alemanes se percatan de mi presencia y acuden en mi ayuda al ver que llevo su uniforme y corro hacia ellos. A partir de ahora estoy solo con mis conocimientos sobre Alemania. Un joven de mi altura me ayuda a desatar mis muñecas, mediante empujones me lleva a una tienda. Aguanto la respiración para mantener la calma. Tan rápido como ha empezado el el ataque, cesa. 

El propio Hitler me recibe con una mirada aprensiva. Se acerca a mí, saca su pistola y se da la vuelta.

-Muchacho, ¿dime por qué tengo que dejarte vivir si has sido rehén de mis enemigos?
-Mi comandante, soy alemán, y me apresaron en una misión de espionaje para el Reich. Fui un rehén porque cumplí con mi deber más allá de mi seguridad.
-Padre, se merece amnistía.
-Anna ¿que haces vestida de soldado?¿dónde están tus guardias?Himmler, encárgate de acabar con ellos por su ineptitud.
-Padre, es mi prisionero, entonces. Yo le he liberado de su ataduras en el campo de batalla, su vida me pertenece, y tú no puedes hacer nada al respecto.
-¡Desapareced de mi vista! Y tú, ya sabes porque no he acabado todavía contigo, no me ofrezcas más motivos para ejecutarte -dice señalando a la que parece ser su hija.

Salimos como alma que lleva al diablo, se oye jaleos por la victoria ante los ingleses y se oye disparos a lo lejos.

-Lástima, creyó que estos últimos eran suficiente para mí.
-No sabía que el gran comandante tuviera descendencia.
-Y no la tiene, por mucho que su mujer quiera, soy la hija de su hermana, y por el amor que le procesa a ella no me ha matado. Por cierto, soy Anna.
-Yo Niall.
-No es un nombre muy alemán.
-No nací en Alemania, pero mis padres son arios.
-De momento eres mi prisionero, y tenemos una misión que cumplir. Matar a Hitler.
-¿Por qué quieres matar a Hitler? se supone que eres su hija.
-Ya te he dicho que no soy realmente su hija, mi madre murió por su culpa, y llevo demasiado tiempo intentando vengarme, hasta el momento no han conseguido descubrir que soy yo.
-¿Por qué me cuentas todo esto?
-Porque eres mi esclavo.
-No eres mejor que tu padre.
-¡Cállate! no hables de mi padre sin saber quien es.

Anna coge una pistola y apunta a mi pierna derecha, varía un poco su puntería y dispara. Noto el escozor de la bala rozando mi gemelo pero no me quejo. Asiente con la cabeza y me lleva a una moto verde con esvásticas por todos lados. Sube primera y nos lleva hasta una casa desvencijada, apartada.

-Para ser la hija...
-Ya te he dicho que no soy su hija, esta es mi cabaña por un tiempo. Puedes dormir en el suelo si te apetece, o en el sofá, me da igual, la cama es para mí, sea la hora que sea, la cocina es lo que hay al entrar y el baño la habitación del fondo.
-¿La cama? -no me responde y señala unas escaleras.- entonces el sofá cama es para mí.
-Haz lo que te de la gana.

Pasan semanas viviendo con Anna, los guardias nos vigilan haciendo rondas fuera de la casa. Cada vez que quiere hablarme sobre el plan para matar Hitler recurrimos a escondernos en el baño, los soldados no sospechan más que una vida sexual sana. Convivimos como podemos, nos traen suministros cada poco tiempo.

-Tenía entendido que la familia Hitler era austriaca.
-Soy austriaca, y Adolf también.
-Pues no lo pareces. Estatura media, ojos castaños, tez blanquecina. Pelo rubio, seguro que los guardias se preguntan si eres rubia natural.
-Me da igual lo que pregunten los guardias.
-Vaya, y además apuesto a que eres una virgen recatada.
-Me da igual lo que pienses tú -pero la voz de Anna la delata.
-Om, vaya, ¿lo eres verdad?¿y que tal se lo tomaría tu padre si te reclamo?
-Estamos en el siglo XX, ya no se reclaman a las mujeres mediante sexo.
-Podemos probarlo.

La acorralo contra la encimera de la cocina, su mirada me estudia. No se toma en serio mis palabras, poso mis manos alrededor de su cintura y espero alguna expresión en su rostro. Ella sólo pasa sus manos con cuidado por mis brazos hasta llegar a mi cuello, me atrae y me besa sin aviso. Me suelta al poco pero yo no me separo de ella.

-Casi nos pillan -resopla mirando detrás de mí.
-Que nos pillen.

La acorralo con más fuerza mientras ella suelta un pequeño gemido debido a mi excitación, se estremece en mis brazos cuando la hago sentarse en la encimera. Paseo mis manos buscando su punto débil, con un suspiro Anna se apoya en sus manos, dando pie a que pueda subirle la falda y deshacerme de su ropa interior. Juego con ella mientras se abalanza por mi boca buscando sosiego. 

Sus manos, a pesar de todo, frías deciden dejarme sin camiseta y bajar para soltar mi cinturón y liberar mi erección.

-Creo que eres demasiado lanzada, no es la conducta apropiada para la hija de Hitler.

Anna no contesta pero a cambio aprieta sus manos a mi alrededor lo que le da a mi cuerpo una oleada de escalofríos. Bufo de desesperación y manteniendo su mirada desafiante la atraigo al borde, con su manos me dirige haciéndome entrar con tranquilidad. Mantengo el aire para no alzar la voz. Ella rodea mis caderas buscando más profundidad en mis movimientos, entierra sus manos en mi pelo cuando decido bajar por su cuello para disfrutar del sabor de su piel. La pasión nos ampara y todo se vuelve frenético, comienzo a subir velocidad mientras ella me pide entre gemidos más, noto como se contrae a mi alrededor haciendo que quiera más de ella. Ni siquiera consigo controlarme y caigo en mis instintos buscando lo salvaje, lo placentero. 

Acaricio su cara para fijar de nuevo las miradas, bajo mis manos por su espalda para llegar a sus caderas y sostenerlas contra mis empujes. Anna rodea mi cuello y comienza a lamer y mordisquear mi oreja, pasando por mi mandíbula. Termina uniendo nuestros labios y pidiendo más, incapaz de impedir el abismo de placer que nos cierne bailo con su lengua, acallando sus gemidos, absorbiéndolos junto a los míos para terminar con un leve mordisco a su lengua que reanuda de nuevo la partida. Llegado el momento los gritos sofocados nos envuelven, las respiraciones pesarosas no hacen separarnos apenas.



-Niall, hoy es el día. Hoy le mataremos.
-Está en su bunker, los aliados puede alcanzarle, hoy no es el día. 
-Quiero ser yo quien le mate, me lo debe.


Nos vestimos, y nos escaqueamos de los guardias. Toda Berlín es un infierno, incendios, ruido de armas, la muerte se respira en el aire. Afortunadamente Anna sabe como llegar a la sede sin cruzar con nadie que pueda reconocernos. Antes de poder entrar nos apresan unos soldados rusos, nos hablan a gritos pidiendo explicaciones de nuestra presencia allí. Me enderezo y recuerdo la clave para que recuerden que soy uno de ellos.

-Las fuerzas aliadas se apoya en tres pilares.
-¿Soldado inglés? -chapurrea el ruso. Asiento e inmediatamente nos sueltan para guiarnos dentro del edificio.
-Comandante Niall, de las fuerzas especiales de espionaje internacional. Usted siempre es bienvenido.
-No tenemos tiempo, esta chica y yo hemos venido a terminar con nuestra misión.
-Me temo, mi señor que eso no será posible, los nazis se han encerrado, no sabemos quienes están con Hitler en estos momentos, pero están totalmente encerrados a cal y canto, no podemos...

Un terrible estruendo nos ensordece a todos, un pitido agudo se apodera de nuestros oídos una humareda nos deja ciegos.

-Hitler ha caído, ¡Berlín es nuestra! -grita con alegría un soldado ruso.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Destiny with me.

Aparto a la gente de mi camino, oigo una terrible música de fondo, no me importa, aunque esté en un concierto. Soy la heredera del trono, y aunque estos mortales no saben de mi identidad, sus subconscientes parecen intuirlo. Los guardias reales casi me atrapan pero consigo llegar a una sala llena de personal de seguridad.

-Socorro -digo abriendo los ojos y utilizando mi cara de angustia.- por favor, estos tipos intentan secuestrarme.
-¿Cómo? -consigue decir el hombre más fornido acercándose a mí y viendo los guardias.- No te preocupes jovencita. Rafa, Berto, ocupémonos de esto. Trini, llama a la policía.

Me adentro en la sala mientras dos hombres iguales o más grandes salen a su encuentro. Una chica morena se me acerca hablándome con dulzura. Me lleva a otra sala donde un hombre hablaba con energía a un móvil.

-¿Se puede saber que ocurre? -exige saber.
-Lo siento, pero a esta chica la han intentado secuestrar. Andrés, Rafa y Berto se está ocupando de los hombres que venían a por ella.
-Me temo que te debo una disculpa. Me presento, soy Magí Torras.
-Yo Alba la... -aquí no puedo decir utilizar mi apellido "Heredera del Trono"- Lancaster.
-Vaya, no debes de ser de por aquí.
-La verdad es que no, mis padres y yo somos extranjeros, venimos a disfrutar las pocas vacaciones que tenemos.

Una puerta se abre con un gran estruendo, aparece un chico guapo, alto, delgado y con cara de pocos amigos. No repara en mi presencia y se encamina a Magí.

-Dí lo que quieras, pero no pienso hacerte caso. No entiendo porque no me dejas que me acerque a Paula.
-Oh, Carlos, querido mío, es sencillo, va a por tu fama.
-Pero si es modelo.
-Ya, una modelo a la que no conocen ni en su casa.

El chico suelta un bufido y se da la vuelta sobre los talones para encararme.

-¿Y tú quién eres?
-Alba, Alba Lancaster.
-Eh, no, para. La han intentado secuestrar hace unos minutos.

La expresión del chico desaparece para no reflejar ningún sentimiento, pasa del blanco al rojo y suelta una risotada.

-Me estás tomando el pelo, seguro -dice más para sí mismo.
-Me temo que no, Carlos. Lo que no sé es que haremos con ella. Ya estamos llamando a la policía.
-Un momento, no podéis entregarme a ellos, mis padre es demasiado importante, sería un escándalo para la prensa...
-Y sería mala prensa para nosotros -añade Carlos tras mantener mi mirada preocupada.
-¿Entonces, que harás?
-Que se quede conmigo, el resto no sabe de su presencia, que se esconda en mi casa hasta que sus padres puedan venir a por ella.

Tras una leve discusión en la que no tomo parte, Carlos, convence a Magí de que debo quedarme con él para ahorrar líos, además de prometer no volver a ver a la tal Paula. Salimos por una puerta que parece olvidada, un coche nos espera. Una vez que el coche para, salimos a una sencilla pero lujosa casa.

-Bienvenida a mi morada, joven dama.
-Los humanos sois muy raros.
-¿Los qué?

Callo y hago como que no oigo lo que me pregunta. Me hace un pequeño tour por la casa para al final dejarme en una habitación de invitados, me ofrece un viejo pijama y una toalla por si necesito tomar una ducha. Pasando de todo cuando se va cierro la puerta para sentirme más segura y me tiro a la cama a dormir con el pijama improvisado sólo con la camiseta.


Noto como alguien me roza el hombro, por instinto agarro la mano y tiro hacia mí, un leve quejido suena junto a la cama se hunde bajo un peso. Rodeo a quien esté enfrente, noto una respiración agitada que se aproxima. La calidez de unos labios que rozan los míos hacen que me despierte. Al abrir los ojos me encuentro con él, mirándome con hambre, con pasión y noto que levanta la camiseta-pijama. Suelta todo el aire al darse cuenta de que no llevo nada más, para entonces nos hago rodar para quedar encima a horcajadas, escucho como sisea de placer y me mira a los ojos.

-Esos ojos, ¿quién eres?
-Ahora no es el momento de preguntas querido rubio.

Si más dilación le hago entrar en mí gimiendo ante la sorpresa de mis propios actos. Él se muerde los labios y comienza con un lento envite. Poco a poco mi cuerpo se revoluciona haciendo que cada una de mis terminaciones nerviosas chisporrotee. Se incorpora sin dejar su baile para atraerme más a su cuerpo. Comienza con un suave camino de dulces mordiscos mientras enviste con más fuerza pero apenas más rápido. Escalofríos recorren mi espalda cuando su boca encuentra a mis pechos indefensos, sus manos se apoderan de mi trasero marcando el lento y atormentador ritmo. 

Todo a mi al rededor desaparece para mostrarme imágenes de una vida que no es la mía, compañeros de clase, familia, sueños, amores... Mi aliento se hace inexistente mientras uno piezas a la velocidad de la luz. No, no es mi vida, es la vida de Carlos, que ahora me pertenece. 

Carlos se niega a dejar baile a pesar de que debe haber visto lo mismo que yo. Un cosquilleo me avisa de que si terminamos estaremos unidos para siempre.

-Carlos, si seguimos estaremos unidos para siempre...  -su envestida profunda hace que no pueda seguir hablando, apenas logro reunir el aire suficiente.- Vendrás a mi mundo, se acabó todo lo que cono... -otra envestida demasiado profunda vuelve a cortar mi aliento.- ¿me estás escuchando?
-Por supuesto, Alba Heredera del Trono -su voz ronca coincide con el ritmo que lleva, parece negarse a ir más rápido, al contrario que su aliento.- He visto lo mismo que tú y sé... -le provoco un leve gemido al lamer su cuello.- lo que ello conlleva -suelta con un suspiro.- terminaremos lo que hemos empezado.

Vuelve sus manos a mis caderas y con un hambriento beso juega con mi lengua, estudiando cada rincón de mi boca. Sigue dirigiendo el ritmo con sus manos para aumentar poco a poco la profundidad y la velocidad. Pierdo la conciencia en sus brazos volviéndome loca de placer. Con el temido orgásmo que se expande por todo mi cuerpo suelto un grito apasionado para terminar mordiendo el hueco de su cuello. Él gime mientras su agarre y su juego cesan. 

Con apenas aliento nos miramos sin separarnos.

-¿De verdad que aceptarás todo y vendrás conmigo?
-Por supuesto heredera del Olimpo.




viernes, 22 de febrero de 2013

Things

Una mirada, una sonrisa, pero nada vuelve. Máscaras en rostros contraídos de dolor, orgullos insanos dominando la escena, hipocresía danzando por el ambiente con tanta facilidad como los nervios. Y todo recto en dirección a su alma lo encuentras, algo más terrible que cualquier catástrofe, ves que hay algo que te roba el aliento sin esfuerzo. Te controla, tú razón de existencia te ha encontrado, y tú, y tú sólo quieres que todo sea distinto, que el tiempo lo cambie todo, que los destinos tengan piedad de ti. 

Huyes viendo que nadie te ampara, buscas algo menos doloroso a lo que aferrarte, buscas algo sencillo que te acoja. Otra alma, otros ojos. Te reprimes, lo hundes todo es un intento desesperado de acallar la tormenta que se acerca letal. Escondes y finges, pensando que la creencia en una mentira la puede volver realidad. Para cuando no ves que eso ocurre, resulta que no era buena idea hundirlo, que esa idea le ha llevado a tomar raíces, arraigándose por todo tu ser. Te conviertes en un esclavo de lo crecido, un amante de lo perdido, de lo hundido, de lo deprimido. 

Confuso, desorientado y dolorido recurres a lo ya utilizado, escapar, considerándola como la mejor respuesta que puede conseguir un ánima lastimada, zarandeada y olvidada por aquellas que la controlan. Tomando el mando de lo poco que puedes conseguir, diriges a un precipicio, arriesgando la existencia de tan peculiar sentimiento, creándolo como tela de juicio para que no pueda manifestarse como debe. Atando cuerdas, cadenas y clavos; a fin de enjaularlo y mantener libre a lo restante, para que la posibilidad de supervivencia sea real, tangible y puedas agarrarte a ella en última instancia.

viernes, 8 de febrero de 2013

If you

El viento avanzaba con el dolor de su corazón. Cada paso, cada latido, cada movimiento era una eterna tortura para la débil cordura que poseía. Su respiración pesarosa la maldecía por la actuación cometida ya nada volvería a ser lo mismo, nada volvería a su cauce, sólo le quedaría el dolor y el remordimiento de haber cavado un agujero para su propia tumba. Pronto tendría que volver a su rutina, a las sonrisas sin vigor, la amabilidad fingida y la oscuridad en la calle. Una vida sin escapatoria posible, un destino desalentador que cumplir y aún así no se veía con fuerzas de abandonarlo todo.

Sabiendo que por otro lado estaba la mitad de su alma, esos ojos que descubrían sus secretos, aquello mismos a los que tanto admiraba por todas sus capacidades, con eso en su contra veía aún más difícil la capacidad de su existencia.