Aparto a la gente de mi camino, oigo una terrible música de fondo, no me importa, aunque esté en un concierto. Soy la heredera del trono, y aunque estos mortales no saben de mi identidad, sus subconscientes parecen intuirlo. Los guardias reales casi me atrapan pero consigo llegar a una sala llena de personal de seguridad.
-Socorro -digo abriendo los ojos y utilizando mi cara de angustia.- por favor, estos tipos intentan secuestrarme.
-¿Cómo? -consigue decir el hombre más fornido acercándose a mí y viendo los guardias.- No te preocupes jovencita. Rafa, Berto, ocupémonos de esto. Trini, llama a la policía.
Me adentro en la sala mientras dos hombres iguales o más grandes salen a su encuentro. Una chica morena se me acerca hablándome con dulzura. Me lleva a otra sala donde un hombre hablaba con energía a un móvil.
-¿Se puede saber que ocurre? -exige saber.
-Lo siento, pero a esta chica la han intentado secuestrar. Andrés, Rafa y Berto se está ocupando de los hombres que venían a por ella.
-Me temo que te debo una disculpa. Me presento, soy Magí Torras.
-Yo Alba la... -aquí no puedo decir utilizar mi apellido "Heredera del Trono"- Lancaster.
-Vaya, no debes de ser de por aquí.
-La verdad es que no, mis padres y yo somos extranjeros, venimos a disfrutar las pocas vacaciones que tenemos.
Una puerta se abre con un gran estruendo, aparece un chico guapo, alto, delgado y con cara de pocos amigos. No repara en mi presencia y se encamina a Magí.
-Dí lo que quieras, pero no pienso hacerte caso. No entiendo porque no me dejas que me acerque a Paula.
-Oh, Carlos, querido mío, es sencillo, va a por tu fama.
-Pero si es modelo.
-Ya, una modelo a la que no conocen ni en su casa.
El chico suelta un bufido y se da la vuelta sobre los talones para encararme.
-¿Y tú quién eres?
-Alba, Alba Lancaster.
-Eh, no, para. La han intentado secuestrar hace unos minutos.
La expresión del chico desaparece para no reflejar ningún sentimiento, pasa del blanco al rojo y suelta una risotada.
-Me estás tomando el pelo, seguro -dice más para sí mismo.
-Me temo que no, Carlos. Lo que no sé es que haremos con ella. Ya estamos llamando a la policía.
-Un momento, no podéis entregarme a ellos, mis padre es demasiado importante, sería un escándalo para la prensa...
-Y sería mala prensa para nosotros -añade Carlos tras mantener mi mirada preocupada.
-¿Entonces, que harás?
-Que se quede conmigo, el resto no sabe de su presencia, que se esconda en mi casa hasta que sus padres puedan venir a por ella.
Tras una leve discusión en la que no tomo parte, Carlos, convence a Magí de que debo quedarme con él para ahorrar líos, además de prometer no volver a ver a la tal Paula. Salimos por una puerta que parece olvidada, un coche nos espera. Una vez que el coche para, salimos a una sencilla pero lujosa casa.
-Bienvenida a mi morada, joven dama.
-Los humanos sois muy raros.
-¿Los qué?
Callo y hago como que no oigo lo que me pregunta. Me hace un pequeño tour por la casa para al final dejarme en una habitación de invitados, me ofrece un viejo pijama y una toalla por si necesito tomar una ducha. Pasando de todo cuando se va cierro la puerta para sentirme más segura y me tiro a la cama a dormir con el pijama improvisado sólo con la camiseta.
Noto como alguien me roza el hombro, por instinto agarro la mano y tiro hacia mí, un leve quejido suena junto a la cama se hunde bajo un peso. Rodeo a quien esté enfrente, noto una respiración agitada que se aproxima. La calidez de unos labios que rozan los míos hacen que me despierte. Al abrir los ojos me encuentro con él, mirándome con hambre, con pasión y noto que levanta la camiseta-pijama. Suelta todo el aire al darse cuenta de que no llevo nada más, para entonces nos hago rodar para quedar encima a horcajadas, escucho como sisea de placer y me mira a los ojos.
-Esos ojos, ¿quién eres?
-Ahora no es el momento de preguntas querido rubio.
Si más dilación le hago entrar en mí gimiendo ante la sorpresa de mis propios actos. Él se muerde los labios y comienza con un lento envite. Poco a poco mi cuerpo se revoluciona haciendo que cada una de mis terminaciones nerviosas chisporrotee. Se incorpora sin dejar su baile para atraerme más a su cuerpo. Comienza con un suave camino de dulces mordiscos mientras enviste con más fuerza pero apenas más rápido. Escalofríos recorren mi espalda cuando su boca encuentra a mis pechos indefensos, sus manos se apoderan de mi trasero marcando el lento y atormentador ritmo.
Todo a mi al rededor desaparece para mostrarme imágenes de una vida que no es la mía, compañeros de clase, familia, sueños, amores... Mi aliento se hace inexistente mientras uno piezas a la velocidad de la luz. No, no es mi vida, es la vida de Carlos, que ahora me pertenece.
Carlos se niega a dejar baile a pesar de que debe haber visto lo mismo que yo. Un cosquilleo me avisa de que si terminamos estaremos unidos para siempre.
-Carlos, si seguimos estaremos unidos para siempre... -su envestida profunda hace que no pueda seguir hablando, apenas logro reunir el aire suficiente.- Vendrás a mi mundo, se acabó todo lo que cono... -otra envestida demasiado profunda vuelve a cortar mi aliento.- ¿me estás escuchando?
-Por supuesto, Alba Heredera del Trono -su voz ronca coincide con el ritmo que lleva, parece negarse a ir más rápido, al contrario que su aliento.- He visto lo mismo que tú y sé... -le provoco un leve gemido al lamer su cuello.- lo que ello conlleva -suelta con un suspiro.- terminaremos lo que hemos empezado.
Vuelve sus manos a mis caderas y con un hambriento beso juega con mi lengua, estudiando cada rincón de mi boca. Sigue dirigiendo el ritmo con sus manos para aumentar poco a poco la profundidad y la velocidad. Pierdo la conciencia en sus brazos volviéndome loca de placer. Con el temido orgásmo que se expande por todo mi cuerpo suelto un grito apasionado para terminar mordiendo el hueco de su cuello. Él gime mientras su agarre y su juego cesan.
Con apenas aliento nos miramos sin separarnos.
-¿De verdad que aceptarás todo y vendrás conmigo?
-Por supuesto heredera del Olimpo.
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