La batalla empieza y con ella mi misión, debo escapar de las manos aliadas para infiltrarme en el ejercito enemigo, los soldados alemanes se percatan de mi presencia y acuden en mi ayuda al ver que llevo su uniforme y corro hacia ellos. A partir de ahora estoy solo con mis conocimientos sobre Alemania. Un joven de mi altura me ayuda a desatar mis muñecas, mediante empujones me lleva a una tienda. Aguanto la respiración para mantener la calma. Tan rápido como ha empezado el el ataque, cesa.
El propio Hitler me recibe con una mirada aprensiva. Se acerca a mí, saca su pistola y se da la vuelta.
-Muchacho, ¿dime por qué tengo que dejarte vivir si has sido rehén de mis enemigos?
-Mi comandante, soy alemán, y me apresaron en una misión de espionaje para el Reich. Fui un rehén porque cumplí con mi deber más allá de mi seguridad.
-Padre, se merece amnistía.
-Anna ¿que haces vestida de soldado?¿dónde están tus guardias?Himmler, encárgate de acabar con ellos por su ineptitud.
-Padre, es mi prisionero, entonces. Yo le he liberado de su ataduras en el campo de batalla, su vida me pertenece, y tú no puedes hacer nada al respecto.
-¡Desapareced de mi vista! Y tú, ya sabes porque no he acabado todavía contigo, no me ofrezcas más motivos para ejecutarte -dice señalando a la que parece ser su hija.
Salimos como alma que lleva al diablo, se oye jaleos por la victoria ante los ingleses y se oye disparos a lo lejos.
-Lástima, creyó que estos últimos eran suficiente para mí.
-No sabía que el gran comandante tuviera descendencia.
-Y no la tiene, por mucho que su mujer quiera, soy la hija de su hermana, y por el amor que le procesa a ella no me ha matado. Por cierto, soy Anna.
-Yo Niall.
-No es un nombre muy alemán.
-No nací en Alemania, pero mis padres son arios.
-De momento eres mi prisionero, y tenemos una misión que cumplir. Matar a Hitler.
-¿Por qué quieres matar a Hitler? se supone que eres su hija.
-Ya te he dicho que no soy realmente su hija, mi madre murió por su culpa, y llevo demasiado tiempo intentando vengarme, hasta el momento no han conseguido descubrir que soy yo.
-¿Por qué me cuentas todo esto?
-Porque eres mi esclavo.
-No eres mejor que tu padre.
-¡Cállate! no hables de mi padre sin saber quien es.
Anna coge una pistola y apunta a mi pierna derecha, varía un poco su puntería y dispara. Noto el escozor de la bala rozando mi gemelo pero no me quejo. Asiente con la cabeza y me lleva a una moto verde con esvásticas por todos lados. Sube primera y nos lleva hasta una casa desvencijada, apartada.
-Para ser la hija...
-Ya te he dicho que no soy su hija, esta es mi cabaña por un tiempo. Puedes dormir en el suelo si te apetece, o en el sofá, me da igual, la cama es para mí, sea la hora que sea, la cocina es lo que hay al entrar y el baño la habitación del fondo.
-¿La cama? -no me responde y señala unas escaleras.- entonces el sofá cama es para mí.
-Haz lo que te de la gana.
Pasan semanas viviendo con Anna, los guardias nos vigilan haciendo rondas fuera de la casa. Cada vez que quiere hablarme sobre el plan para matar Hitler recurrimos a escondernos en el baño, los soldados no sospechan más que una vida sexual sana. Convivimos como podemos, nos traen suministros cada poco tiempo.
-Tenía entendido que la familia Hitler era austriaca.
-Soy austriaca, y Adolf también.
-Pues no lo pareces. Estatura media, ojos castaños, tez blanquecina. Pelo rubio, seguro que los guardias se preguntan si eres rubia natural.
-Me da igual lo que pregunten los guardias.
-Vaya, y además apuesto a que eres una virgen recatada.
-Me da igual lo que pienses tú -pero la voz de Anna la delata.
-Om, vaya, ¿lo eres verdad?¿y que tal se lo tomaría tu padre si te reclamo?
-Estamos en el siglo XX, ya no se reclaman a las mujeres mediante sexo.
-Podemos probarlo.
La acorralo contra la encimera de la cocina, su mirada me estudia. No se toma en serio mis palabras, poso mis manos alrededor de su cintura y espero alguna expresión en su rostro. Ella sólo pasa sus manos con cuidado por mis brazos hasta llegar a mi cuello, me atrae y me besa sin aviso. Me suelta al poco pero yo no me separo de ella.
-Casi nos pillan -resopla mirando detrás de mí.
-Que nos pillen.
La acorralo con más fuerza mientras ella suelta un pequeño gemido debido a mi excitación, se estremece en mis brazos cuando la hago sentarse en la encimera. Paseo mis manos buscando su punto débil, con un suspiro Anna se apoya en sus manos, dando pie a que pueda subirle la falda y deshacerme de su ropa interior. Juego con ella mientras se abalanza por mi boca buscando sosiego.
Sus manos, a pesar de todo, frías deciden dejarme sin camiseta y bajar para soltar mi cinturón y liberar mi erección.
-Creo que eres demasiado lanzada, no es la conducta apropiada para la hija de Hitler.
Anna no contesta pero a cambio aprieta sus manos a mi alrededor lo que le da a mi cuerpo una oleada de escalofríos. Bufo de desesperación y manteniendo su mirada desafiante la atraigo al borde, con su manos me dirige haciéndome entrar con tranquilidad. Mantengo el aire para no alzar la voz. Ella rodea mis caderas buscando más profundidad en mis movimientos, entierra sus manos en mi pelo cuando decido bajar por su cuello para disfrutar del sabor de su piel. La pasión nos ampara y todo se vuelve frenético, comienzo a subir velocidad mientras ella me pide entre gemidos más, noto como se contrae a mi alrededor haciendo que quiera más de ella. Ni siquiera consigo controlarme y caigo en mis instintos buscando lo salvaje, lo placentero.
Acaricio su cara para fijar de nuevo las miradas, bajo mis manos por su espalda para llegar a sus caderas y sostenerlas contra mis empujes. Anna rodea mi cuello y comienza a lamer y mordisquear mi oreja, pasando por mi mandíbula. Termina uniendo nuestros labios y pidiendo más, incapaz de impedir el abismo de placer que nos cierne bailo con su lengua, acallando sus gemidos, absorbiéndolos junto a los míos para terminar con un leve mordisco a su lengua que reanuda de nuevo la partida. Llegado el momento los gritos sofocados nos envuelven, las respiraciones pesarosas no hacen separarnos apenas.
-Niall, hoy es el día. Hoy le mataremos.
-Está en su bunker, los aliados puede alcanzarle, hoy no es el día.
-Quiero ser yo quien le mate, me lo debe.
Nos vestimos, y nos escaqueamos de los guardias. Toda Berlín es un infierno, incendios, ruido de armas, la muerte se respira en el aire. Afortunadamente Anna sabe como llegar a la sede sin cruzar con nadie que pueda reconocernos. Antes de poder entrar nos apresan unos soldados rusos, nos hablan a gritos pidiendo explicaciones de nuestra presencia allí. Me enderezo y recuerdo la clave para que recuerden que soy uno de ellos.
-Las fuerzas aliadas se apoya en tres pilares.
-¿Soldado inglés? -chapurrea el ruso. Asiento e inmediatamente nos sueltan para guiarnos dentro del edificio.
-Comandante Niall, de las fuerzas especiales de espionaje internacional. Usted siempre es bienvenido.
-No tenemos tiempo, esta chica y yo hemos venido a terminar con nuestra misión.
-Me temo, mi señor que eso no será posible, los nazis se han encerrado, no sabemos quienes están con Hitler en estos momentos, pero están totalmente encerrados a cal y canto, no podemos...
Un terrible estruendo nos ensordece a todos, un pitido agudo se apodera de nuestros oídos una humareda nos deja ciegos.
-Hitler ha caído, ¡Berlín es nuestra! -grita con alegría un soldado ruso.
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