lunes, 20 de mayo de 2013

Be my artist.


Me levanté temprano, tranquilo, y delante del espejo empecé a hacer muecas, todas las que se me ocurrieron y más. Ese día nos tocaba ir a Madame Tussauds London para que retocaran nuestros bustos de cera que servirían de guía para terminar las figuras de cera.

Cuando estuve en el coche con los demás seguí haciendo gestos y muecas.

-Parar es gratis -soltó Louis aburrido.
-Vamos a estar toda la mañana con el mismo gesto, así me cansaré menos.
-Tiene razón, simpático Louis -rió Niall.

Sin ganas de nada, cogí mi móvil y me entretuve con Tumblr, aquellos post e historias me levantaron el humor de buena gana. Había tantos gif graciosos sobre nuestros conciertos y otros momentos, que en poco estábamos los cinco compitiendo por ver quién encontraba el más gracioso.

Cuando llegamos a los talleres, los fotógrafos apenas nos atosigaban, en su lugar tuvimos a los escultores, examinando fotos de nuestras imágenes, midiendo casi todas las partes de nuestro cuerpo, apuntando nuestras tallas. Después de un primer examen, nos asignaron una chica a cada uno, ellas serían nuestras asistentes, su deber era que todo estuviera de nuestro agrado mientras sus compañeros se ocupaban de recrear nuestras caras en bustos de cera.

-Buenos días señor Styles, mi nombre es Chou, y mi deber es el de ayudarle a que su estancia aquí, mientras que nosotros trabajamos, sea lo más agradable posible.
-Encantado de conocerla señorita... Chou.

La joven sonrió con tranquilidad, cogió un taburete y lo dejó delante de mí, esperó a que sus compañeras terminaran de ponerme unas pinzas en el pelo y con un lápiz facial examinó mi cara de cerca comenzando a pintar pequeños puntos por todo mi rostro. Me pidió que pusiera mi mejor sonrisa y se apartó para que me hicieran un foto. Le miré fijamente a los ojos y sonreí de nuevo, esa vez, poniendo la sonrisa más sexy que podía, pero ella pareció inmune, no reaccionó, ni siquiera se inmutó, seguía con su trabajo y su sonrisa tranquila. Me extrañé, pero terminó y vino el escultor, ella quedó en un segundo plano. La vi de nuevo con un cuaderno en las manos, se acercaba y me examinaba mientras dibujaba un boceto.

-¿Está a gusto con todo? ¿necesita agua, un caramelo, chicles?
-Pues una botella de agua y unos caramelos, si no es mucho pedir -relajé el rostro, y volví a poner mi sonrisa encantadora.
-Un momento.

Ella volvió a pasar por alto mi expresión y a los pocos minutos vino con una botella de agua y unos caramelos de menta de la máquina que había en los pasillos. Me los tendió con otra sonrisa, esta vez amable. Cogió su cuaderno y siguió con su trabajo.

Me llamaba la atención que se resistiera tanto a mí, no es que yo fuera un chico que necesitara atención, simplemente es que desde que llegó la fama no me ha hecho mucha falta esforzarme por alguna chica. Y sin embargo ella se me resistía, estaba tan normal con lo que parecía su libreta de dibujo, no le perdía de vista, hasta que llegó el descanso.

-Hey, Chou -me acerqué a ella.
-Digame.
-Mejor, dime Harry, señor Styles me hace sentir mayor.
-Por supuesto Harry -el aire de profesionalidad no desaparecía de su tono.
-Gracias, ¿me podría enseñar el boceto?

La pillé, con esa simple pregunta su cara se crispó, agachó levemente la cabeza y puso una mueca. Sonreí otra vez con la mejor de mis sonrisas y esperé a que contestara. Resopló y fue a por su cuaderno.

-Bueno, no se ría, pero soy una chica en prácticas y aún no he perfeccionado la técnica, y está sin terminar -dijo cuando me lo puso en las manos.
-Wow -no pude reprimirlo cuando fijé mi vista en una imagen perfecta de mí- dibujas realmente bien.
-Gracias, -agachó la cabeza con una tímida pero preciosa sonrisa.- eres... muy amable.
-En serio, es muy, muy bueno.

Poco a poco se puso colorada, su alegría era palpable, pero apenas prestó atención a mis intentos de conocerlas mejor. Decidí volver a hablar con los chicos, que se rieron de mis intenciones ya que las veían claras.

-Vamos se te está resistiendo demasiado -rió Louis.
-Con esta chica vas a tener que esforzarte -aclaró Liam.
-Bueno, no siempre será fácil.

Respiré buscándola con la mirada, la localicé junto a otros escultores hablando con sus cuadernos en las manos y apuntando cosas. Me acerqué al grupo y eché mano de un complejo de superioridad que no sabía que tuviera.

-Perdón, ¿Chou? Mira, es que necesito los cascos un momento, y están en la habitación donde hemos dejado nuestras cosas, ¿Me los podrías traer?
-Por supuesto -dijo saliendo del grupo de asistentes para cumplir mi pedido- ¿recuerdas dónde los has guardado?
-Deben de estar en la bolsa azul oscuro, en el bolsillo pequeño de uno de los laterales.
-Tardo un momento -Chou se fué dejando su cuaderno en mis manos.
-Buena jugada -se me acercó Zayn- pero no te has traído ninguna bolsa.
-Ya, pero ella no lo sabe -dije mirando encantado los dibujos de la libreta.

Cuando terminé y tras una pequeña palmada de Zayn en mi espalda, salí en dirección a la habitación poniendo como excusa la necesidad de ir al baño. Con el cuaderno en las manos pensé en decirle algo que no pareciera una excusa. Tocando a la puerta entré a la habitación, me encontré a Chou agachada junto a nuestras cosas.

-Vaya, lo siento. No encuentro tu bolsa.
-No, tranquila, te he traído tu cuaderno.
-Gracias -lo cogió extrañada.
-No te molesto más -respondí apoyándome en la pared.
-No lo puedo creer -contestó incorporándose- no la has traído.
-Bueno...
-¿Te has deleitado lo suficiente?
-Pues si preguntas he de responder que si aguantas unos segundos más en cierta posición, no me desagradaría en absoluto.
-¿Te han dicho alguna vez lo capullo que eres?
-Ciertamente no, pero adelante, sigue buscando mi bolsa -puse mi sonrisa más eficaz. 
- No creo que siquiera se hayan atrevido, ni que te hubieran negado lo más simple.
-Algunas hasta me suplican que les deje besarme.
-En serio, yo de ti, dejaba ese tipo de conversación, ya que no todo el mundo se rinde a tus pies mi querido amigo -casi escupió la palabra.
-Oh, no te hagas la dura, te mostraré lo agradable que puedo ser.
-Adelante, aunque no es una cita. Y para ponertelo más dificil -de su libreta arrancó un trozo de papel- Si no llegas antes de las ocho, se acabó el juego y habrás perdido.
-¿Y cómo sabré donde está esto?
-Tú eres el famoso, caliéntate la cabeza, caballero.

Con rapidez intentó salir, le cerré el paso. Apoyó sus manos en mi brazo para apartarme, me giré y le hice quedar frente a mí, rozando sus labios y pidiendo permiso para llegar hasta su lengua. Para mi sorpresa jugó conmigo, dejándome casi abrumado, cuando me apartó para coger aire apenas pude entender el pequeño beso de despedida que me dio.



-Bien, pues ya sé más o menos por dónde queda -dijo Louis satisfecho.
-Ahora explica.
-Mira, Hazza, tú coges el taxi desde aquí, le pides que te lleve a este edificio -señaló en la pantalla el nombre de una empresa- a partir de aquí, un amigo mío te llevará a donde quieres, y así te libras de la prensa que te pueda seguir.

Actué según las indicaciones de Lou y gracias a la ayuda de un amigo suyo pude llegar a mi destino sin que nadie reparara en mi presencia. Lo intimidante es que me encontré con un bloque de apartamentos nuevos, todavía habían muchos carteles promocionando la empresa y animando para la compra de alguno de ellos. Llamé al telefonillo con cámara, sin recibir respuesta la puerta de abrió, en el ascensor tomé aire preparándome para encontrar cualquier encerrona, así que saqué el móvil del bolsillo y lo sostuve entre las manos.

-Vaya, has venido, y media hora antes.
-No suelo rechazar un desafío.
-¿Sabes? Yo ni siquiera me lo tomé en serio.

Dejándome confuso abrió la puerta, pude ver su pelo despeinado, y lo que parecía ser su pijama. Un conjunto de shorts, con una camiseta lisa y una fina chaqueta por encima. Se apartó para dejarme pasar y descubrí un amplio estudio dónde fotos de algunos famosos estaban unidas a bocetos con carboncillo. En la mesa del fondo junto a un portátil estaba su libreta, abierta justo por mi dibujo. Chou, rápidamente se dirigió allí y apagó el ordenador, cerrándolo para poner la libreta encima.

-Entonces, si no te lo tomaste en serio, ¿Por qué me diste tu dirección? ¿Vas dándo tu dirección a extraños?
-Gracias por formar una idea equivocada de mí, señor Styles -volvió su tono profesional.
-Venga ya, no tiene sentido que me sigas llamando así.
-Tienes razón, y también supongo que sería mucha descortesía hacerte esperar mientras me arreglo para salir, ¿Verdad?
-Pues no merece la pena, no tengo ganas de que la prensa se ensañe conmigo hoy.
-Menos mal que yo no tengo esas preocupaciones -dijo dirigiéndose a la puerta tranquila.

Le seguí sin mediar palabra, subió por unas esclaleras llevándome al ático. Allí había un pequeño edificio no más grande que su salón, abrió la puerta con decisión y entró. Una vez hube entrado sonreí sin poder evitarlo, había una mesa pequeña, un par de pizzas, colocadas con desenfado. Ella se sentó a un lado de la mesa para colocar unas servilletas, un par de vasos y sacar unas botellas de cerveza.

-Adelante, están aquí para nosotros.
-Entonces...
-Claro, mira, soy tímida y no sé desemvolverme bien fuera de mi terreno, aunque esperaba que llegaras un poco más tarde para venir directa a aquí.

Me quedé sin palabras por un momento, pero recordé que llevaba una bolsa en la mano y que se derritiría, la coloqué encima de la mesa y destapé su contenido. Una tarta helada de tres chocolates. Ella la cogió y la metió en la pequeña nevera que había en un rincón.

-El chocolate le gusta a todo el mundo.
-Una apuesta segura -abrió ambas cervezas.

Brindamos por la extrañeza del momento, pensé que no me podría sorprender más, pero cuando terminamos de hablar, y de cenar, sacó el postre con una sonrisa en la cara de lo más enigmática.

-Creo que después de las cervezas y este postre podría pedirte un favor.
-Depende de cual sea, recuerda que mañana mismo puedes estar en la prensa de todo el mundo como la mujer que casi mata a Harry Styles -ella rió entre dientes.
-O la mejor artista que ha podido reflejar tu encanto en el lienzo, lo cual me agrada mucho más.
-¿No tuviste suficiente con ese boceto? Vale, no pasa nada, pero esta vez me regalarás el resultado.
-Eso depende de lo bien que salga.

Minutos más tarde nos encontrábamos en el salón de abajo, ella con sus materiales, mientras yo simplemente me relajaba y dejaba que el último sentimiento que recordaba se plasmara en mi expresión.

-La belleza a menudo se basa en la simetría del objeto -se acercó a mí- pero tú... Es sorprendente como por separado tus facciones son dispares y en el conjunto de tus rostro todas armonizan, nada destaca, todo se une, es un rostro de lo más peculiar, en eso reside tu belleza, todo el mundo se parece en algo, pero no se acercan siquiera a tu semblante. De verdad, tu rostro, desde un punto de vista artístico es una mina de oro que no ha sido explotada con eficacia. Y eso te beneficia.
-Chou, si te dijera cuantas chicas se acercan a mí por mi cara al cabo del día te asustarías.
-Posiblemte, ¿eso no te cansa? -preguntó con delicadeza.
-Sería el sueño de todo hombre, pero no termina de encajar conmigo, no me confundas, está bien eso de que las chicas se peleen por ti, pero contantemente cansa, da igual quien seas.
-Es lo que tiene la fama.
-Cierto y si pudiera borraba esa parte, o por lo menos en su gran mayoría -la oí reir y me uní a ella- Chou, en serio, no sabes lo que sientes cuando te cuelgan el cartel de mujeriego. He perdido a chicas que realmente me importaban por rumores o falsas noticias y siempre terminaban con algo tipo: “¿cómo me pude fiar de un tío como tú?” -imité la voz que tanto me dolía.
-No es nuevo que se te juzge por tu apariencia, deberías saberlo bien, pero no todo el mundo se fía de ellas -Chou se acercó a mí- Mira, nadie dio nada por mis dibujos por mi simple aspecto, decía que serían cohibidos, y reprimidos, creyeron que mi ascendencia no permitiría la explosión de mis habilidades. No hasta que llegó Noir, una simpática compañera de clase que pudo ver mis bocetos más intimos, me consigió este trabajo y me ayudó a perder la vergüenza en este mundo. No todos te juzgan así Harry, no todos.

Mi respiración se aceleró cuando ella agachó su cabeza para dejar escasos milímetros de distancia. Bajandome del taburete en el que estaba agarré su cuello para atraerla a mí, saboreando su amabilidad. El beso no se pareció en nada al de por la mañana, este llevaba impresas demasiadas connotaciones, la promesa de compresión, cariño y ternura. Algo que desde hacía tiempo que no sentía, todavía iba buscando y muchas veces me encontraba a mi mismo envidiando las relaciones que tenían Louis, o Zayn, buscando a alquien que quisiera estar conmigo por encima de quien soy o de lo que me creen.

Retrocedimos hasta la mesa en la que estaba su ordenador, dejó de un lado el aparato, y me empujó a la mesa, me senté en ella y apollé mi espalda en la pared. Me ayudó a quitarme la camiseta que llevaba, mientras yo le quitaba la chaqueta. Desabrochó los pantalones mientras se ponía a horcajada sobre mis piernas moviendo ligeramente sus caderas.

-Entonces, ¿sólo te quieren para esto? -preguntó con un ritmo tortuso.
-Eso creo -respondí agarrándola fuerte de las caderas y apratando su ropa para acceder a ella, me detube- Me lo suelen rogar -sonreí.

Su respiración se aceleró y sus ojos se oscurecieron, pero no soltó palabra, así que seguí yo el movimiento con el que había empezado ella, viendo como su cara se contraí con cada oleada de placer. Notando como ella aceleraba el ritmo buscando alivio. Le detube de nuevo para hacer que me mirara.

-Solo tienes que decirlo -le susurré, ella se escretemeció cerrando los ojos. Suspiró.
-Harry, por favor...

No la dejé terminar para empalarla sobre mí, la agarré fuerte mientras ella se estremecía con cada movimiento, susurro, o cada latido. Me parecía apetitosa con sus pequeños suspiros y su movimientos casi expertos. Todo en ella hacía que me excitara más, queriendo poder jugar con ella, bajé mi cabeza por un camino de mordiscos hasta llegar a su pecho, el que deboré en apenas unos minutos, veía como cada vez me pedía más. Con cada envite ella me pedía que fuera más rápido, que la llevara al final.

Me paré en mitad de un útlimo movimiento y nos bajé de la mesa. Casi cabreada por lo que hice, la obligué a estamparse boca abajo contra la mesa. Allí volví a introducirme de nuevo en ella y entonces la alcé para poder poseer todo su cuerpo con mis brazós. Se encontró a si misma excitada, ya que intentó decirme algo, pero no pudo soltar una sóla palabra coherente. Pudiendo alcanzar cualquier parte de ella bajé una mano hacia su intimidad para juguetear con ella, la otra la sostuve en su cuello mientras lo mordisqueaba a gusto.

De un momento a otro ella temblaba entre mis brazos con un tórrido orgamo que la dejó indefensa y apoyada en la mesa mientras yo terminaba de divertirme. Un chisporroteo me recorrio la espalda como nunca había sentido, me aturdí durante unos segundos y recuperé la vista apoyado sobre ella. Ambos jadeábamos intranquilos y medio desnudos.


-¿Haces esto con extraños? -se me escapó mientras ella volvía a mirarme para terminar su pintura. Pasamos la noche “jugando” así que no terminamos realmente lo que queríamos hacer, o por lo menos lo primero.
-¿Pintar? Por supuesto, tengo que vivir de algo.
-¿Y lo otro?
-Pues a pesar de que no siempre he sido muy aclamada, no se me ha pasado por la cabeza coger a un tío cualquiera y tirarmelo... Quizás porque soy una chica, quizás porque soy artista, o simplemente, porque soy rara, no me llena, y si no me llena no tengo porqué hacerlo.
-Vaya, me siento alagado, creo -Chou sonrió y se me acercó para darme un tierno beso en los labios.
-Ahora depende de como lo veas tú.
-Te voy a ser sincero. Yo sí me he ido tirando a gente por gusto o por desgana, aunque no me hicieran sentir algo. Somos distintos, pero -remarqué el pero- me encantaría que de esto surgiera algo.
-Oh vamos, eres famoso, no tienes porqué atarte a mí, entiendo las consecuencias y no siempre son agradables.
-Soy yo quien lo propone, y si no me aceptas me iré.
-Chico, nadie me dice lo que hacer, así que tú verás lo que quieres.
-Bien, pues te quiero a tí, pero supongo que así sería demasiado sencillo. Así termina tu obra de arte y ya veremos.

Me levanté recogí mi chaqueta y ante la atenta y sorprendida mirada me acerqué a ella y le devolví el beso que me dio esperanzas de haber encontrado la mitad de mi alma. Acto seguido me fui dejandola sin palabra alguna y con el carboncillo en su mano izquierda. Mientras bajaba por las escaleras cogí el móvil.

Era demasiado fácil, pero me debes una obra de arte, cuando quieras me llamas. Sí, metí anoche mi número mientras dormías como una buena chica. Besos H.

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