miércoles, 29 de agosto de 2012

Stay Strong

Sentía un dolor insoportable apoderándose de su cabeza.


Acababa de salir del hospital, todavía llevaba en su bolsa lo que había sido su uniforme en estos meses atrás. 'Por fin un día de respiro' pensaba mientras cogía un taxi a su casa. Al llegar la figura de un sofá le impedía la entrada a su tan añorado hogar.

-¿Hola? -dijo ella dando golpecitos al sofá.
-Hola, soy Liam y soy nuevo en el edificio -un brillo de inmadurez se asomó a la mirada de aquel chico nuevo.
-So-soy Angela, y creo que necesitas ayuda con esto -respondió nerviosa.
-Te agradezco la ayuda, sólo tenemos que llevarlo al ascensor -dijo un poco serio.

Angela cogió por un lado y Liam por otro para llevarlo al ascensor de lado y meterlo dentro. El bolso de ella cayó tan rápido que sólo Liam se dio cuenta.

-Angela, se te ha caído esto, -le devolvió el bolso y su bata para sorpresa de ella- ¿Eres enfermera?
-Sí -dijo Angela dubitativa, maldecía por dentro su propia falta de atención.
-Genial, -dijo Liam mientras revolvía su pelo castaño delante de ella- oye, gracias por la ayuda, me gustaría invitarte a algo para compensar.
-No hace falta, vamos a ser vecinos, ¿no?
-Sí, sí, pero necesito compensarte, ¿que tal si te invito a comer? así ves mi casa tal y como esta... revuelta -dijo marcando una sonrisa encantadora.




-¡Angela! -dijo Ameliè.- No me habías dicho cuan guapo es tu vecino.
-Chica, pon el freno que te conozco -contestó mientras le abrazaba.
-Tranquila, es todo tuyo, -dijo- ¿cómo lo llevas?
-Bien, estoy mejor y  he encontrado un nuevo trabajo, bueno, he montado una librería, y antes de que lo descubras, Liam trabaja en ella.
-Así que, Don atractivo, de mirada profunda con los ojos marrón claro, sonrisa perfecta, está trabajando en tu tienda, eh.
-No sé como lo haces, pero suena todo muy mal.
-Y ahora me dirás que es más que eso -asintió.
-Pues sí, Ameliè, sí. Es serio pero a la vez se comporta como un niño, es atento conmigo... soso -dijo mirándo la nada y descubriendo que esa parte de él le encantaba,- y quizás un poco anticuado, pero romántico.
-Y... -comenzó Ameliè.
-Y tiene una voz preciosa, ¿contenta?
-¿Yo, por qué? -dijo reprimiendo la risa.



-Así que, vino a pasar unos días y se quedará a vivir contigo -pensó Liam.
-No, vine porque no puedo mantenerme sola y prefiero compartir piso con una amiga.
-Perdón, no es lo mismo.
-Si no fuera porque sé que le gustas, te habría dado de hostias...  -se formó un silencio lleno de incomodidad- Creo que sobro -Ameliè se fue.
-Quizás debamos olvidar esto -dijo Angela colorada.
-¿Por qué?, a mí también me gustas.

Angela sonrió sin saber qué decir, así que el silencio volvió y con él su terrible dolor de cabeza.

-¿Sabes?, quizá debamos tener una cita.
-¿Que tal, esta noche cena en mi casa?
-Vale, ¿a qué hora?
-Pues... a las ocho.
-Tardaremos en hacer la cena.
-Tu no vas a cocinar -rió dejándola sola en la cocina.
-¡Ameliè!, -gritó cuando creyó que Liam se había ido.- Mis pastillas por favor.
-Angela, -le miró seria- ¿lo sabe?
-No quiero que lo sepa -contestó con un nudo en la garganta.



-¡Eh! Ameliè, Ameliè. ¡Para! -gritó Liam- ¿dónde está Angela? ¿por qué no me ha devuelto las llamadas? ¿le pasa algo?

Parecía desesperado, agarró a Ameliè de un brazo para impedir su huida, sin embargo, ella agachó la cabeza y se fue lentamente.

-¡Contéstame!, estoy preocupado, hace días que ni siquiera va a trabajar.

Liam siguió a la chica , incluso cuando se metió en su coche. Cuando vio que iban al hospital no supo como reaccionar. Le siguió hasta una sala donde se encerró y al poco salió vestida de lo que parecía enfermera, pero no era igual que la bata de Angela. Le hizo un gesto para que guardara silencio.

-Verás, ella no es una enfermera de verdad, es una paciente que ingresó aquí hace un año por unos dolores de cabeza constantes, la conocí aquí, después de que tuviera que estar ingresada para poder darle la quimioterapia a diario, cuando mejoró, le dimos el Alta. No te confundas, es mi amiga de todas maneras, y por eso no has sabido nada hasta el momento. Ella no quería decirte que tiene y cáncer y yo no soy nadie para decírtelo sin su consentimiento.

Amelié le cogió de la mano y se lo llevó a una sala en la que había un ventanal que comunicaba con otra sala-quirófano. Le dejó allí y se metió por una puerta, después vio como entraba en la sala donde estaban preparando a una chica para una intervención. 

Buscó con la mirada para ver la cara de la chica, se asomó más y el corazón se le hizo un puño, parpadeó un par de veces atónito, su garganta se secó y abrió más los ojos para poder creerlo pero no podía. 

Una Angela rapada le miró con cariño y ojos brillantes, le dedicó la más dulces de sus sonrisas, sabía que era para él. Angela cerraba los ojos poco a poco. El revuelo de aparatos y personas comenzó, dejando un hueco en su pecho que no creyó poder llenar en su vida si ella se iba.








Le he visto, aunque sea por última vez, descansaré tranquila. Una peso sobrehumano se apodera de mi cuerpo sólo mi mente está viva en todo esto. 

Personas a las que quise vienen a charlar conmigo. Sus voces se hacen palpables en mi mundo de oscuridad al que tanto he llegado a querer por la tranquilidad que me aporta. La luz se me acerca cálida y estiro la mano para llegar antes y ver quien me espera. Me envuelven, alguien me coge la mano, una gota cae en mi mejilla, noto casi un abrazo pero mi mano sigue sujeta a alguien.

La luz muere, en su lugar aparece el dolor incesante que martillea en mi cabeza, noto mi cuerpo de nuevo.

-¿Liam?
-Angela -dice con alivio apretando más su mano a la mía.

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